
¡Sorpresa!, esta tarjeta la encontré dentro de una bolsa de café molido, que compramos hace unos días con mi esposo en una feria de emprendedores cristianos.
Y vaya grata sorpresa, porque aunque estuve presente cuando molieron el café, no vi el momento en el que guardaron esta tarjeta adentro. Y fue una linda sorpresa, un mensaje en algo que no esperaba encontrar nada más que café molido, pero así son los Hijos de Papá Dios, y así son las sorpresas en la relación con Papá Dios.
En los detalles ha sido mi comunicación con Dios, y más adelante te contaré algo que, junto con esta tarjeta, fueron los carbones que encendieron de nuevo mi deseo para volver a escribir y compartir.
A veces las palabras faltan, a veces las palabras pueden estar cargadas de amargura, a veces vemos y encontramos tantas palabras durante cada segundo del día que pensé, ¿para qué escribir si hay otros tantos que lo hacen y lo hacen bien?; pero lo que yo vivo, solo yo puedo contarlo, solo yo puedo contar mi historia sobre el amor y la Paternidad de Papá Dios, solo yo puedo describir lo que descubro con él cada día, solo yo puedo contarte lo que él me permite entender para que otros puedan conocer.
Claro, cada uno tiene su visión de cada situación, pero mira esto que sin duda no tiene mucha explicación, más que una mnifestación de su amor:
El domingo estuve con mi familia en diferentes lugares, y cuando llegué a casa, ya estaba por descansar, sucedió algo inesperado. Ya habían pasado algunos minutos después de las 9 de la noche, cuando de repente sonó mi celular y al ser un número desconocido no respondí, pero volvió a sonar y era el mismo, así que en altavoz y con mi esposo al lado, respondimos. Hicimos silencio y una joven voz de mujer habló, y dijo que se había encontrado una billetera y al preguntarle el color, corrí a mi maleta y me di cuenta que no tenía mi billetera.
– «Disculpe», decía ella, «me tomé el atrevimiento de abrir la billetera y encontré su tarjeta, por eso me tomé el atrevimiento de llamarla».
¿Atrevimiento?, pensaba yo, ¡graciasssss!, gracias por recogerla, cuidarla y llamar con tanta responsabilidad.
Así que pregunté dónde la había encontrado, hace cuánto y todo tenía lógica en mi pequeña investigación. Entonces tuvimos que volver a salir para poder irla a buscar. Era de noche, nunca me había sucedido, y la expectativa era una mezcla de ansiedad, nervios y zozobra.
Pero claro, empecé a orar y pedir ayuda a Papá (y casi literal, porque fuimos con mi esposo y mi papá). Al llegar, marqué al número de la joven mujer, y una jovencita salió de una casa, con mi billetera en mano, y TODO, TODO, está completo, las monedas, los papeles, los documentos, todo en orden y completo estaba a salvo.
Ella no pidió nada, tan solo quería que yo tuviera mi billetera porque allí estaban mis documentos, ella estaba preocupada para que yo la recuperara… Y así le dimos dos obsequios de lo que vendemos, porque solo así podíamos retribuir en ese momento, junto con una oración y bendición, su buena y desinteresada labor.
Al llegar a casa vi que la cremallera del monedero estaba aplastada, entonces se habrá caído luego de comprar un pollo y bajar del carro… Pero ni eso lo percibí… Solo Papá Dios que siempre observa, podía saberlo, y solo él sabía que la había perdido, solo Él sabía qué necesitaría yo sin que yo todavía lo supiera.
Al estar con mi esposo en casa, la zozobra ahora, era gratitud con alegría que se manifestó en lágrimas como hija consentida. No tenía palabras, y no soy la más obediente de las hijas, llevaba un tiempo con dudas y algunas peleas con Papá Dios, pero aún así Él no me dejó de observar, cuidar y amar.
Así confirmé lo que tantos dicen: Él nos ama porque quiere amarnos, no es por obras, no es por hechos, es porque Papá Dios decidió amarnos y le da el Real deseo de hacerlo.
Como le decía a mi familia esa noche en el whatsapp porque era algo que no podía callar:

Y para completar tan bonita realidad, el lunes en la mañana esta tarjeta encontré entre pequeños granos de cafe
