
Buen día.
Mientras le echaba agua a esta planta, encontré dos aspectos que me llamaron la atención: las flores en la parte superior que fueron blancas y ahora están cafés, y las hojas que fueron verdes, luego amarillas y ahora son cafés.
Las flores que eran blancas y parecían un solo pétalo enrollado, crecieron y se mostraron al desenrollar sus brazos, permitiendo ver el interior durante varias semanas. En medio del proceso del «florecimiento», el blanco empezó a verse de color verde, hasta que de verde pasó a café y aún siguen ahí, con raíces fuertes, no es fácil arrancarlas. Las flores blancas que parecían débiles por ser tan delicadas, ahora son cafés y siguen tan fuertes que es difícil quitarlas.
Con esto varios puntos para aprender de los procesos observando las plantas.
No son estáticos, el cambio existe y nunca es igual. El cambio no siempre tiene tiempos ni características exactas, no todas las flores han crecido igual, hay fiesta cuando crecen, a veces nos acostumbramos a verlas cuando están, y posiblemente las ignoremos cuando parecen no ser «tan espectaculares» porque se empieza a secar. Y si esto lo comparamos con esos TALENTOS que Dios nos da, son «gratis», y hacen parte de las características de cada uno. Los TALENTOS florecen, parten de la buena tierra y diferencian a cada uno, aunque parecemos similares, cada uno por lo que haya vivido es ÚNICO Y ESPECIAL.
¿Qué talento que nos entregó Papá Dios se desarrolló y se mostró como una flor y aunque cambió y parece que no es blanco y resplandeciente, como es su etapa de máximo esplendor -como las blancas flores de esta planta-, sigue sin alejarse porque esta arraigado a nuestra nuestra esencia?,
En mi caso ese talento es escribir, no leo mucho, no he hecho muchos cursos para escribir, pero escribir es algo que hace parte de mi manera de ser, de mis talentos, de eso que Dios sembró y es característico en mí, como lo es el ritmo que desde muy pequeña he tenido al escribir, así sale, aunque lo pretenda evitar, es una melodía que sale y combina palabras que tienen sonidos finales similares, que se expresan cuando empiezo a escribir, es algo que Papá Dios me entregó a mí.
¿Qué talento nos ha hecho únicos y queremos arrancar o lo hemos dejado secar, pero hace parte de nuestra IDENTIDAD?
¿Qué talento debemos volver a mirar, y dejar de ignorar?

Al levantar las hojas para echar el agua directamente en la tierra, vi hojas secas, y lo «seco suele invitar a mis manos para que lo arranque, creyendo que no sirve y que ya cumplió un ciclo». Pero no, no las pude arrancar, aún están firmes aunque parezcan secas, parece que aún deben estar allí como si estuvieses con fuerza aferradas a la tierra. Entonces aprendí que no todo lo que parece seco se debe arrancar de raíz. Cada parte de la planta tiene su tiempo de nacimiento, crecimiento, fortalecimiento, debilitamiento, y solo cuando es el tiempo, se puede quitar o sola se han de soltar.
¿Entonces por qué afanar procesos, por qué la ansiedad de arrancar TODO lo que parece seco?
Hay una hoja café (similar a las otras) que está en el suelo y era porque ya estaba débil y se dejo arrancar suavemente, la deje en el lugar para explicar con esta foto que algunas partes ya culminaron el proceso, pero otras a lo mejor siguen dando algo más; estabilidad, soporte, no sé, pero aún no es tiempo de soltar la raíz.
Estas hojas podrían ser hábitos que aún tenemos y aunque parezcan obsoletos pueden seguir o se pueden encontrar y disfrutar por un tiempo más: cocinar, correr, nadar, leer, pintar, soñar, encontrar formas en las nubes y así ejercitar la imaginación, o hacer sopas de letras, mirar los insectos en la tierra, escalar, armar rompecabezas… ¿Qué dejaste de hacer, y te hacía tanto bien?
Hay demasiadas costumbres que la tecnología, la inmediatez y la falsa productividad sin descanso, han silenciado y hacían tanto bien. ¿Qué sano hábito podrías retomar, qué encontrarías casi seco, pero que aún no se ha desvanecido y soporte te podría entregar?
Otro ejemplo, ¿qué relaciones que parecen ya «sin vida», y quizás echando agua en nuestra tierra levantemos recuerdos, las podríamos «recuperar»? Puede ser por unos meses o años más, pero son como hojas que han hecho parte viva de nuestra vida, y estuvieron sembradas cerca a nuestra buena tierra, y podría valer el esfuerzo de volver a llamar.
Entonces, ¿qué hemos desechado porque «parece estar ya seco», y hemos elegido ignorar? (talentos, dones, hábitos, relaciones…)
Algo curioso es que yo solía decir: «no tengo plantas porque las dejaría morir, no sirvo para cuidar plantas», pero vaya que lo he disfrutado con mi esposo, desde hace unos años cuando una habitación empezó a ser nuestro hogar y una planta la empezó a decorar. Las cuidamos juntos y cuando yo les echo agua, las observó o las cambio de lugar, aprendo algo nuevo, son vida y la vida cambia, y tienen procesos que no siempre son iguales. La belleza cambia, aún lo «secó» es fuerte, los hábitos de cuidado son más por observación que por reglamento e instrucción.
Verlas crecer en estos años, ha sido un excelente ejemplo de cómo son los procesos de lo que está vivo, de cómo Dios obra y que sí se pueden romper paradigmas y estructuras del «cómo deberían ser las cosas, de acuerdo a nuestro parecer».
Disfrutemos y aprendamos de lo que Papá Dios nos entregó, es sencillo el salón de clases de Papá, a veces con una planta, puede bastar.