Conocidos por NUESTRO FRUTO

Alguna vez podemos ver un árbol sin fruto crecer (o no es el fruto como podemos pensar que debería ser, algo evidente a la vista), pero es seguro que de alguna semilla tuvo que nacer, de alguna semilla que tiene «la carga genética», tuvo que venir, y esta semilla posiblemente tampoco la podremos conocer, PERO A ALGO SE TIENE QUE PARECER.

Al buscar las características de un grupo de árboles similares, los investigadores suelen comparar desde lo evidente (color, tamaño, tipo de hojas, frutos, flores, etc.), hasta lo más pequeño (al examinar con lupa pequeñas muestras de su corteza). En ocasiones para los más pacientes, suele ser fundamental en el estudio, lo que puede ser evidente únicamente al ser identificado con el pasar del tiempo (floración, comportamiento ante los cambios del clima, crecimiento, diferencias, etc.).

Hasta el relacionamiento es observado, algunos árboles se la llevan bien y otros no, pueden ser plantados en algunos lugares y otros no, más o menos de esta manera podemos comparar lo que sucede a los discípulos de Jesús:

Escrito está:

«Cada árbol se conoce por su fruto» (Lucas 6:44a)

Y, si tomamos lo escrito en el blog hace alguno días Aferrados al que nos enseñó a direccionar nuestra «fe» (puedes hacer clic para leerlo otra vez); retomemos la pregunta del final: ¿entonces qué tal está el fruto de la «fe», de nosotros para volverlo a sembrar una y otra vez? El fruto no es inerte, es decir requiere alimentación, es VIVO, requiere nutrición, cuidados e hidratación.

Por esto, en esta ocasión mi intención es escribir sobre la NECESIDAD DE PASAR TIEMPO Y COMPARTIR CON EL ESPÍRITU SANTO; PARA QUE ESE FRUTO DE LA FE, ESE FRUTO DE PASAR TIEMPO CON ÉL, pueda nutrirse e hidratarse de verdad, verdad, porque está escrito:  Los frutos del Espíritu son…. (Gálatas 5:22-23a)

¿Alguna vez has visto una planta sin agua?; sus hojas se van cayendo, se ven menos verdes, los tallos se debilitan, y claro, la tierra se ve seca. ¿Qué pasa entonces con nosotros cuando no bebemos de la fuente de vida?, seguramente nos vemos como una planta sin agua, aunque nos esforcemos por vernos hidratados, podría suceder que:

  • El ánimo se ve como las hojas del árbol, las palabras pueden ser menos acertadas, con un poco menos de vida, podría haber hasta menos sabiduría, aún en las palabras que no suenan porque se quedan en los pensamientos (cómo nos hablamos a nosotros, o cómo pensamos de los demás). El Espíritu Santo nos energiza, por esto es importante que busquemos del soplo de vida (génesis 1:7)
  • Podríamos perder -y sin darnos cuenta-, luminosidad, ese brillo del corazón contento, del que pasa y va bendiciendo, porque esa vida se va disminuyendo. Sin agua, hasta la tierra se ve opaca, agrietada, y puede hasta oler a feo; es sorprendente también cómo los granos de «tierra», se van separando, «la unidad en la base» se va perdiendo, y de seguro las raíces que poco podemos ver, van perdiendo estabilidad, porque la tierra «se afloja», y el color de todo se va viendo cada vez más opaco, sencillamente porque les falta el agua, agua que les da vida.

Entonces, si un Hijo de Abbá, que ha decidido ser parte de la vid, estar unido a Cristo, se aleja; posiblemente se empiecen a marchitar algunas partes, se empiecen a debilitar las raíces, y hasta empiece a disminuir su «luminosidad»… Pero Jesús, el buen hermano mayor nos envió al Espíritu Santo, al Guía, al Consolador, al Consejero, al que Clama por nosotros, al que Da Testimonio a nuestro espíritu de que somos Hijos de Papá Dios, es en  nuestros tiempos a solas de oración, o a través de sueños mientras dormimos, o en buenas lecturas, o buenas conversaciones, o en tiempos de alabanza, o cuando nos sentamos a leer la Biblia, o a través de oír/ver testimonios de otros; y de muchas otras maneras más como NOS PODEMOS BIEN HIDRATAR.

El agua está, la nutrición está, pero depende de cada uno lo que decida elegir para buscar y cada cuánto se quiere CUIDAR (como al cuidar las plantas: cómo, cada cuánto y con qué).

Jesús dijo a sus discípulos que por los frutos seríamos conocidos, pero para que haya fruto la BUENA Hidratación, es fundamental, porque puede haber ríos de agua viva, pero se debe VIVIFICAR, mover, agitar.

Foto que tomé hace poco en un lugar donde cuidan diferentes plantas, para luego llevarlas a un bosque y poder multiplicarlas.

«Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu». Gal 5:6

Alguna vez podemos ver un árbol sin fruto crecer, pero es seguro que de alguna semilla tuvo que nacer, de alguna semilla que tiene «la carga genética», tuvo que venir. La carga genética dice que en nosotros hay semillas de fe, esperando para poder crecer.

Pd: este escrito surge porque en este tiempo quise escribir acerca de la fe, y al ver las plantas de mi casa, pude ver el cambio cuando no tienen agua y ha hecho mucho calor, y lo que sucede después que las riego con abundante agua, es bellísimo, te recomiendo observar las plantas, se aprende bastante.

Deja un comentario