Había aprendido leyendo Efesios que hay una armadura que podemos usar como hijos de Dios, y mencionan el escudo, ese pedazo que se usa como defensa de un ataque.
Cuando lo usaba, siempre pensaba en un escudo en mi brazo que, como en las películas, podía mover para evitar los ataques según vinieran por lo que mis ojos vieran, pero, ¿y qué pasaba con el resto del cuerpo, qué pasaba con aquello que no podía ver?
El escudo de esta armadura se refiere a la fe.
Hoy aprendí que nada está desprotegido porque:
Salmos 3:3
Más tú, Jehová, ERES ESCUDO ALREDEDOR DE MÍ,
mi gloria y el que levanta mi cabeza. (RVR 1960)
¿No es hermoso?, ¡no estamos desprotegidos!, y lo mejor es que el mismísimo Jehová es quien hace de escudo, vaya que sí que es bueno y nos ama.
Entonces no es un escudo de limitado tamaño porque nos rodea, está «alrededor» de ti, de mí, de cada uno, es un escudo para cada uno, como hecho a la medida, sin dejar nada sin proteger y cuidar.
Y hay algo adicional en este salmo que me hizo sorprender aún más, y es que Él nos levanta la cabeza, así que aunque estemos con Él como escudo, no somos como los cobardes que se escoden o como los soldados en una trinchera que agachan la cabeza para esconderse o como las tortugas que se meten dentro por temor, porque ni por vergüenza, ni por temor, ni por cansancio, no por desconsuelo, ni por desesperanza, nuestros ojos miran al suelo, porque Jehová es nuestra gloria que nos permite mirar al cielo.
Amén. ..
Tomamos tu palabra Señor
Me gustaMe gusta