Ama porque sí, nos cuida porque sí, ¡pero el cambio para él, creo, es amor también!
Recuerdo que en la primera carta de Juan, dice: Dios ES AMOR, entonces podría ser interesante entender lo que sí es amor, tratando de explicar lo que no es amor en un lenguaje cotidiano:
No es el «romance empalagoso, dulce hasta el hastío» (del que suele repugnar); o el amor que tiene el lente «desenfocado», o las gafas sin revisión y desactualizadas en su «formulación», porque no tienen el ajuste necesario para enfocar lo que está más cerca; ¿edad, presbicia, enfermedad, o algo temporal?, no lo sé; pero a la final suele verse mejor lo que está lejos, pero lo cercano… Parece «falsamente», siempre enfocado y adecuado»…
Este amor, pienso y creo que no es el de Dios. En lo cercano y en lo próximo (sin romances, sino en realidad y verdad) es que suele vernos mucho mejor. Estamos hechos a su imagen y a su semejanza, y esto como en un espejo, pienso que se ve mejor, estando cerca de él.
Es difícil envejecer, porque hay algunas funciones básicas que se empiezan a perder, pero es que a veces no es tema de la edad, podría ser porque la costumbre de algo «cercano y muy cotidiano», hace que los lentes estén acostumbrados, a veces hasta desenfocados; para ver aquello que está más cercano. Envejece porque el paso del tiempo pasa y pasa, así con hábitos, costumbres, relaciones, etc., etc… Es bueno cambiar y revisar la «visión», porque podría ser necesaria una corrección, o por lo menos una buena revisión.
Esto lo dibujaré en la mente de cada lector, a través de la historia de algo que en la vida real sucedió:
Enfrente a nuestra casa, era costumbre pararse a ver un imponente y grande pino (que viendo desde el suelo, eran 5); era lindo el movimiento cuando soplaba fuerte el viento, tanto que parecía mover las torres, yo giraba a ver las ramas y con ellas confirmaba que era la presencia de los fuertes vientos. O las brisas, el rocío, el juego con las nubes, es algo que solo puede explicarse desde el deleite y el disfrute cuando en el quinteto de árboles la mente se enfocaba.
En estas bellas ramas también vimos aves de muchos colores, alguna vez hasta vi algo que por nombre le puse Pepe (era como un búho, o algo parecido); los colibrís me maravillaban con su incansable aleteo; las mirlas, palomas, y otras tantas aves paradas en la cima, me enseñaron bastante acerca de mantenerse aferradas, firmes y tranquilas, en las tormentas fuertes que a través de la ventana, en la comodidad de la silla podía contemplar mientras llovía. Pero esto hace unas semanas no se puede ver, el grupo de bellos pinos «fue completamente cortado, cada rama fue cargada, y los fuertes troncos fueron echados en la parte trasera de un camión.»
Ahora que escribo, pienso que pude haber disfrutado más del pino, las aves, los vientos, etc.; pero es lindo el recuerdo, en tantas fotos quedo mi bello pino (era el más cercano y al parecer uno de los más grandes del antiguo grupo de pinos). Pero, en la realidad y sin nostalgia doy gracias por lo que pude aprehender y porque los disfrute al punto de escribir sobre el quinteto de pinos, y por su puesto de sus visitantes, también.
Es una historia que durará varios días en ser escrita, porque fue tan significativo, que con papel y lápiz lo experimenté; reveló tantos y tan sorprendentes aprendizajes, que los quiero compartir, con los que lean y a futuro vean, la historia del árbol, que bendijo cuando estaba siendo podado, y finalmente, fue completamente cortado.

(*) Presbicia, es cuando los ojos pierden la capacidad para ver lo que está cerca; dicen que suele ser parte del envejecimiento gradual…
(*) romance, amor pasajero
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