Recordemos cuando éramos niños y jugábamos en el balancín: sube y baja… Al subir había vértigo, al bajar nuestros pies tocaban la tierra; y sólo cuando la planta de nuestros pies alcanzaba la tierra, podíamos subirnos solos al balancín -antes no, porque podríamos caer muy fácilmente cuando en lo alto estuviéramos-.
Aveces nuestra fe puede ser de balancín: sube y baja; podría gustarle siempre estar arriba, porque hay emoción, se ve mejor, hay algo de vértigo; pero, ¿qué pasa cuando bajamos y la planta de nuestros pies o mejor la suela de nuestros zapatos toca la tierra o arena qué hay debajo?
En ocasiones podemos orar por otros cuando van a una cirugía, cuando tienen que enfrentar un temor, cuando algo nos piden para tener en oración… Pero, ¿y qué pasa si somos nosotros los que entramos al quirógrafo, o si vamos a enfrentar algo que nos atemoriza casi hasta paralizarnos, o cuando tenemos una necesidad de oración?, ¿tenemos la misma firmeza que cuando orábamos detrás de la barrera?
Cuando oramos por otros puede ser semejante a cuando estamos arriba del balancín, pero cuando somos nosotros los que estamos con el cirujano, es cuando estamos con la suela de los zapatos en la tierra, césped o arena.
En estos días leyendo el evangelio de Marcos 11, entendí algo hermoso de la fe, y lo aprendí cuando estaba sobre la camilla, en una pequeña cirugía:
Jesús les dijo:
Marcos 11:23b … y no duda en su corazón, sino que cree que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.
Marcos 11:24 por tanto, os digo que todo lo que pidáis orando, creed que lo recibiréis y os vendrá.
Y no es «declaración», como tantos ahora lo dicen, ni poder de atracción, ni tantos otros juegos de palabras que ahora surgen de plagiadores de gurus… Es fe.
Hebreos 11:1 Y la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Entonces, sería bueno preguntarnos, ¿quién está al otro lado del balancín?, ¿quién baja para que nosotros subamos?, y ¿quién está arriba cuando nosotros estamos abajo?
Una preciosa imagen viene a mi cabeza para poder explicarlo: cuando estamos arriba es Jesús quien nos está soportando, él es el fundamento; quien bajó para que pudiéramos ver cosas extraordinarias; es con él, con el que puede haber vacío pero no hay temor; es él, el que está sustentándonos, sosteniéndonos; es él, el contra peso para no caigamos.
Y cuando estamos abajo, es él, el que está arriba intercediendo por nosotros; es él, el que está clamando; es él, el que tiene la visión (cuando estamos abajo) de todo cuanto nos rodea, por esto puede guiarnos mejor; es él, el que está arriba cubriéndonos.
Una fe de balancín -pero con Jesús al otro lado- es una fe de gozo, es una fe de paz, es una fe como de niños -sin prejuicios, sin tanta complejidad-, una fe de balancín, aunque suba y bajé: ¡No duda, se mantiene, siempre y cuando al otro lado su compañero sea Jesucristo!
Entonces hagamos lo que Jesús dijo a sus discípulos:
Marcos 11:22 Entonces Jesús dijo a los discípulos:
– Tengan fe en Dios.
En otra traducción:
Marcos 11:22 Jesús les dijo:
– Confíen en Dios.
Muy bonito, Paula.
Me gustaMe gusta
Gracias Jorge
Me gustaMe gusta