¿Cuál es el maná que levanta nuestra queja?

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Creo que todos hemos oído alguna vez la palabra «maná», como ese alimento que Dios dio a su pueblo cuando iba por el desierto, luego de haber salido de la esclavitud de Egipto.

¿Pero esto hoy sigue sucediendo?, creo que sí. Si lees Números 11:1-9, verás que el pueblo que no tenía comida en un principio, recibió el maná que servía para lo que querían y necesitaban: alimentarse; pero luego se quejaron, diciendo:

Números 11:4-6

Entonces la gentuza extranjera que viajaba con los israelitas comenzó a tener fuertes antojos por las cosas buenas de Egipto. Y el pueblo de Israel también comenzó a quejarse: «¡Oh, si tuviéramos un poco de carne! —exclamaban—. Cómo nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto y teníamos todos los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos que queríamos. ¡Pero ahora lo único que vemos es este maná! Hasta hemos perdido el apetito». (NTV)

En el versículo 1, dice que Jehová se enojó… Pensemos un poco, a veces no podemos dar otra cosa más que la que damos, como cuando invitamos a alguien a comer, o cuando damos un obsequio a una persona muy amada (hijos, nietos, sobrinos, esposo(a), padres, abuelos, tíos), ¿cómo nos sentimos si no le gusta, si se queja diciendo: «siempre me da lo mismo», «esto no me gusta», «eso se ve viejo», «eso sabe feo», o lo dice sin decirlo, etc.?

Lo curioso es que los versículos dicen que anhelaban lo que antes tenían, pero cuando lo tenían por otra cosa se quejaban, por ser esclavos y lastimados; y esto nos pasa a todos, anhelamos el pasado y esto estorba y detiene nuestro andar. Y realmente gratis no lo recibían, el trabajo que hacían era tan duro que casi los mataba, y creo que en ocasiones poco podían disfrutar el alimento por el agotamiento.

Posiblemente lo que tenemos hoy, o lo que hemos recibido en algún momento no sea lo que «esperábamos», pero hemos recibido, quizás no siempre ha habido lo que queremos en nuestras alacenas, ni armarios, ni hemos vivido donde nos hubiera gustado, pero con las manos vacías no hemos estado, ni desnudos (aunque no sea la ropa de moda o la que tenemos se vea gastada), y mucho menos nos ha faltado un lugar para descansar (quizás no sea el spa soñado pero la protección no ha faltado).

Y a veces la queja no sale de nuestro descontento porque no existe, pero lamentablemente hay otros que llegan y nos la pegan.

Parece que suena a duro regaño, pero lo que pretendo es que podamos ver y agradecer por el maná que hoy recibimos, y que pidamos perdón por haber permitido que nuestra queja se haya levantado en medio de la ceguera. Demos gracias a Dios por el maná que nos ha puesto siempre en nuestro plato, sobre nuestro cuerpo y sobre nuestra cabeza, porque aunque no sea el que codiciamos, nunca nos ha faltado. Que las quejas no eviten que seamos agradecidos, en otro tiempo teníamos otras cosas, pero ahora y después tendremos otras, ¿mejores o peores?, solo depende de los ojos con las que las veamos.

 

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  1. Avatar de Maria Ruiz Maria Ruiz dice:

    Que buena reflexión, sin querer o sin darnos cuenta o muy concientes ofendemos al Señor con la queja.

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