Poder conocer, permite que nos podamos sorprender, es como una aventura en la que logramos descubrir esas maravillas de nosotros mismos que sembró el que nos creó.
Suele ser una costumbre pensar en querer ser como otros, pero ser lo que Dios quiso para cada uno, es algo diferente.
Semillas, dones, talentos únicos, y una combinación de experiencias que nos hacen realmente especiales, ¿por qué queremos ser siempre como otros?, es mejor ser aquello que somos, como esa parábola de la que tanto escribo: «el sembrador salió a sembrar».
Para esto el sembrador, sabía que era sembrador, sabía qué hace un sembrador, y pues lo que requiere un sembrador: semillas, conocimientos, herramientas, etc…

Es precioso cuando dejamos que nuestras semillas den fruto, cuando lo que nos hace únicos salga a la luz, como cuando el pescador pesca, la mamá cuida a sus hijos, el esposo bendice a sus hijos con enseñanzas… Cuando se une «la materia prima» con la «funcionalidad» de la obra maestra, hay conectividad, imagina: retazos de telas, hilos, manos, sumados con el conocimiento del que sabe coser, darán como funcionalidad una linda manta para cubrir, reconfortar y abrigar.
Otra opción: pensamientos de orden, pensamientos de imaginación, manos creativas, y más materia prima (talentos de planeación, etc.), aplicados para construir, hacen que funcionen, esas semillas entregadas por Papá Dios… Y si el talento de liderazgo le fue dado, dirigirá la construcción, o si es escriba para tomar notas y describir detalles, sería un excelente y confiable apoyo.
Es decir, aquello que nos ha sido dado, y aquello que Dios ha permitido forjemos con los años, es para unir la «materia prima del cielo», en diaria funcionalidad.
¿Qué nos ha diferenciado desde el colegio?, ¿en las reuniones familiares?, ¿en los grupos cuando nos reunimos, algunos hacen algo que nosotros no haríamos porque no es parte de nosotros?,
Entonces, cada uno puede aportar desde aquello que lo hace único, pero debe conocer qué es lo que recibió como materia prima del cielo, cuando Papá Dios lo creó.
El que es reflexivo, y le gusta orar… Es un poderoso intercesor,
El que es activo, y le gusta «ayudar»… Es un valioso brazo del amor,
La que ama y «cuida»… Cuida a donde quiera que vaya y en lo que haga.
La que busca justicia y «defiende»… Es una bendición de protección.
En todo esto suele haber algo que sobresale, algo que sabemos que está, algo que aunque intentemos esconder en el cuarto de objetos perdidos, es de nosotros, aunque esté en el cuarto de objetos olvidados, el Señor suele recordarnos.
Es algo que está en nuestro SER, está en nuestro ADN espiritual, es bendición cuando lo dejamos fluir, y cuando permitimos que la «materia prima espiritual» se una con la «funcionalidad». Un tornillo, sirve para lo que es, es funcional para lo que es, aunque podamos inventar otros usos… Esto sucede con lo que Dios entrego a sus Hijos cuando los creó: el que habla, el que ama, el que sirve, el que observa, el que sigue, el que guía, el que lee, el que pinta, el que escribe, el que… ¿Qué haces tú que otros no hacemos?
Conociéndonos, aun con esas semillas escondidas… Sorpréndete, planes mayores hay, planes de bien y no de mal… Para eso las semillas, talentos, dones, experiencias, la combinación con la que Dios te creó, te hace una enorme bendición, aventuras de exploración, es también parte del amor.
Preguntar, y habrá contestación, buscar y hallar, eso que sabes que viene del Señor, déjate sorprender.
¿QUÉ TANTO TE CONOCES?, CONOCERNOS A NOSOTROS MISMOS ES NECESARIO PARA CUIDARNOS Y AMARNOS – El mandamiento del amor – parte 3
Al saber qué semillas tienes, podrás cuidarlas, defender lo que Dios sembró en ti, es amarte, pelear por el diseño de Dios, es bendecir a los demás, pero primero debes conocerte, aceptarte, amarte y cuidarte, porque así amaras con más respeto, sabiduría y sobre todo amarás desde tu identidad (gritando de alegría, estando callado, cuidando, abrazando… a tu manera, de acuerdo al diseño de Dios cuando te creó).


Conocerme, ha hecho que deje de forzarme a amar como otros, conocerme ha hecho que descubra la semilla de la creatividad para hacer pequeñas obras de arte que otros puedan regalar, conocerme me ha dado libertad… La diferencia en esta aventura de exploración, es que desde el inicio he preguntado a Dios, y con el Espíritu Santo como guía explorador, he descubierto lo que estaba en el cuarto de objetos perdidos, olvidados y sin descubrir. En la imagen de arriba, fue necesario identificar la forma mis dedos, motivos de burla por mucho tiempo de «personas cercanas», pero saber que me ayudan a moldear mejor la arcilla, que son mis manos, que así son únicas y especiales, me llevo a aceptarlas, cuidarlas y amarlas intentar; «elegir los colores» fue un reto. Pero desde ese momento, respeto y cuido más mis manos, porque son herramientas primordiales para crear, escribir, comer (algo que me gusta mucho hacer). Conocernos es una aventura que dura toda la vida.
Siempre hay tiempo para conocernos: qué comer, qué no te gusta comer, etc. CONOCERNOS A NOSOTROS MISMOS, ES NECESARIO PARA CUIDARNOS Y AMARNOS – El mandamiento del amor – parte 3, es un llamado para amarnos, desde la verdad, es decir desde lo que somos, en amor, sin autorechazo, sin autoxigencia desmedida, amor, sencillamente amar, aceptar y respetar.
Descubrir lo que Dios sembró, para aprenderlo a cuidar, para dejarlo florecer, para que sea fruto de bendición, para que seamos lo que Papá Dios soñó… Eres, y somos mucho más… Tierra fértil llenita de buenas semillas, a lo mejor alguna cizaña, pero el buen trigo siempre crece y se multiplica, aunque toque arrancar después la maleza, Dios bendiga los resultados de tu exploración, una aventura emocionante con el Espíritu Santo como compañero de viaje, diario y constante.
Amarnos es un mandamiento mencionado en el antiguo y en el nuevo testamento, es una indicación para cuidarnos; para esto debemos conocernos y saber qué «cuidaremos», y en todo este proceso aprenderemos a amarnos y a valorarnos sobre la verdad.

Bendecido sea tu descubrir…