¿A QUÉ DAMOS MÁS ESPACIO CUANDO PENSAMOS?

Batallar por tener ganas de vivir, es algo para algunos indiferente, innecesario, ya está dado por sentado. Para algunos, es más de situaciones especiales (como por ejemplo en momentos de enfermedad, o de algo para espabilar). Para algunos es algo que es como un reto… Ojo, no hablo de la batalla por vivir (o sobrevivir, como algunos lo podrían decir), estoy hablando de la intención, decisión y determinación de querer vivir.

Para nada es algo de drama ni de tragedia este escrito, es que para algunos es un descarte, pues si está vivo, pues que viva; para otros es un deleite vivir (aunque sea una vida de grandes y constantes retos), pero para algunos otros es necesario que esas «ganas» sean avivadas por el que nos dio a todos la vida, Dios, nuestro Elohim, el Creador. Y puede que haya ocasiones, en las que todos hemos necesitado que el Señor no deje de confiar en el pabilo que aún humea: (Isaías 42:3 y Mateo 12:20).

Pero ahí, es donde Dios Padre, se presenta, y es de lo que quisiera hablar en las siguiente líneas; para que haya más empatía en los juicios que pensamos, para que haya más dulzura en lo que hablamos, y sobre todo para que haya más vida en lo que planteamos:

-«Levántese», «muévase»…  A veces parecen ordenes obvias pero el motivo para hacerlo puede faltar; y no es de motivación emotiva de la que que quiero hablar, es de sentido real, de eso que se decide porque hay CONVICCIÓN, CERTEZA, VERDAD…

(Isaías 42:3 y Mateo 12:20, saque la biblia y busque estos versículos o hágalo en el celular, pero búsquelos de verdad.)

El título de este escrito es: ¿a qué damos más espacio cuando pensamos?, porque suele suceder que el «error», llega a ser a veces el principal protagonista (piensa en una película).

Si el error es el protagonista, es porque la guionista es la agobiante perfección y la tinta con la que se escribe la historia suele ser la culpa y aparece en la mayoría de las escenas: la autocondenación. Es como si pensáramos una y otra vez en el error, desde el balcón de la perfección, sin opción a la corrección, sin el propio amor.

A través del tiempo, hemos aprendido y hemos visto, que el error «SUCEDE», y a veces más constante de lo que nos gustaría, pero la GRAN DIFERENCIA está, en lo qué vamos a hacer cuando vuelva a suceder.

Así como tener un motivo para actuar, es así el motivo de vivir, el mejor lugar para encontrar las respuestas es en la presencia de Dios, en la oración, en la lectura de la Biblia (la historia), en hablar con otros sobre Dios...

  • En ocasiones es tan compleja la lupa de la perfección y tan grande el temor al error, que desde antes de actuar, se generó el espacio perfecto para que se dé el error. Y aunque no exista, es tanta la sugestión, que sea lo que sea, se llega a ver como un grandísimo error; la lupa encuentra cualquier im-perfección; y el temor hace torpe el actuar porque desde la limitación se acciona el actuar, por lo tanto el excesivo control, se debe soltar para que haya mayor libertad.

  • Lo que también puede pasar, es que la culpa de errores pasados, «vista» a las nuevas acciones, casi como si de una obra de teatro se tratará: porque todos los personajes son moldeados desde la culpa de errores pasados… ¿Para qué pensar así?, mejor soltar, perdonarnos y avanzar. Hay un versículo en la primera carta a los Corintios:

«1 Corintios 4:3-4

3 A mí, en lo personal, no me importa si ustedes, o un tribunal de justicia de este mundo, se ponen a averiguar si hago bien o mal. Ni siquiera me juzgo a mí mismo. 4 Y aunque no recuerdo haber hecho nada malo, eso no significa que yo esté del todo libre de culpa. Pero el único que tiene derecho a juzgarme es Dios. (Traducción en lenguaje actual).

¿Entonces por qué nos juzgamos tanto a nosotros mismos?, para juzgarnos y redireccionar nuestros pasos está Papá Dios. Entonces que Él nos indique y encamine los pasos, que redireccione nuestras sendas si es que están un poco chuecas… En él, hay claridad y verdad, y le podemos preguntar. Confiemos en Su amor, en que él lo puede restaurar, y nos puede ayudar a solucionar.

Como a una obra,

Él la puede bendecir y corregir

  • Lo otro que puede suceder es que el error sucedió, y se avanzó, y para aprender sirvió; para no volverlo a cometer, para corregir, para algo que nos sirve como un eslabón de una cadena bien aceitada que con aceite de gracia PERMITE AVANZAR, sin quedarnos atrás. El aceite suele relacionarse en la Biblia con «unción», con «gracia», con «bendición»… Entonces, ¿qué tal si vemos ese aceite como el que permite que nuestro motor siga aunque no haya perfección?, avanzar sería más sencillo porque el error no detendría, porque el aceite de la unción permite perdonar, restaurar, CONTINUAR.

El año pasado aprendí de un profesor de pilates: «no saben si lo pueden hacer si ni siquiera lo intentan, al menos intenten», y vaya que eso servía para intentarlo y con enfoque lograrlo.

De un libro sobre hábitos, hoy leía algo que me hizo pensar en que hay que cambiar hacer que el cerebro se active. El cerebro, es perezoso, no quiere esfuerzos, por esto hay que acudir a la VOLUNTAD para que lo mueva a hacer lo que hemos decidido hacer… Un error, es un fracaso o una valiosa oportunidad. LA VOLUNTAD ESTÁ, la determinación y la decisión, son las que la hacen actuar.

Si enseñamos al cerebro a buscar soluciones, entonces el cerebro buscará soluciones, pero si la lupa la entrenamos para que la perfección mida todo, entonces la lista de errores aumentará… Mejor es pensar en soluciones y ver los errores como oportunidades.

Dar más tiempo a los pensamientos que dicen: «por eso lo debo lograr, el fracaso solo es un intento más, hay que CONTINUAR»… Es cuestión a veces de una sencilla decisión, y es «cómo lo vamos a tomar».

A estas alturas de la historia de la humanidad hay algo que resalta, y es la capacidad de adaptación: no salió como esperamos o como se planeó… Análisis, adaptación y solución.

A veces la solución, suele ser no insistir… Atención, que la terquedad no sea una «distracción». Sabiduría, para interpretar cuándo es terquedad y cuándo es realmente necesario persistir.

¿A qué damos más espacio cuando pensamos?, atención, pensemos en avanzar, en querer vivir, y motivemos a los demás, para que también tengan más ganas de vivir y persistir.

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