En estos días de muchos reencuentros, reuniones, viajes, paseos, comidas y alimentos, estuve pensando en aquellas personas que deben encontrarse con aquellas que no ven hace mucho tiempo o que ven pero hay algo para resolver, pero esas incomodidades dejan de ser protagonistas para estar juntos en familia, o con amigos que parecen familia…
Al comprar regalos (para aquellos que los compramos y nos reunimos para intercambiar), surgen dudas y preguntas como: ¿qué le gustará?, ¿qué talla será?, ¿esto lo que quedará?, y tantas otras que nos hacen fijar nuestra atención en esa persona especial; algo para hacer una vez al año, o dos si de cumpleaños le damos regalo.
Inhalar y exhalar, durante una reunión familiar, nos hace pensar en que amar es incomodidad; ¿por qué?, porque debemos decirle a nuestro «yo», que renuncié a las demandas, porque debemos inhalar antes de estallar, porque debemos exhalar antes de soltar palabras que no podamos en el aire agarrar, compartir, sonreír, abrazar, cantar, limpiar y al otro día empezar; pero acá es donde está para muchos encuentros la incomodidad, pues a veces es un encuentro de una sola reunión y vaya ingrata sorpresa si llega a haber una discusión, pues esto quedaría como «adorno» colgado en los recuerdos para el nuevo año.
Amar es incomodidad, porque nos debemos incomodar, subir muchos a un auto para pasear, o comer lo que hicieron sin refunfuñar, o porque simplemente para amar debemos amar, por esto el amor es más que recibir lo que nos gusta, es también ceder, como alguna vez escribía: al interceder, cedemos el lugar de nuestra oración para dar el primer lugar a los demás, inter-cedemos, cediendo el lugar para pedir o agradecer por alguien más.

Al leer la primera carta a los Corintios , leía (cuando Pablo habla del celibato), que cada uno tiene su propio don, de un modo u otro (1Cor 7:7), y claro si lo pensamos en una familia, o en cualquier grupo de personas, cada uno tiene su propio don, de una u otra manera, y no solo en temas de celibato, sino que a cada uno le fue dado un don y le fue dado de «una o de otra manera»; por esto elegí esta imagen para este escrito, pues a veces el árbol está tan alto que es cortado, pero si dentro de él «hay VIDA», pues de una u otra manera ese don de vida, se manifestará.
Y así sucede en las personas, darles una nueva oportunidad, suele ser una «oportunidad», para descubrir esas bendiciones que tienen, como el árbol, para compartir. En el versículo 15 (de 1Cor 7;15) dice: «A paz nos llamó DIOS»… Ahora, por esto el amor es incomodidad, para poder encontrar y recibir ese don (regalo) de Paz.
Para esto es necesario seguir abonando y cuidando el fruto del amor, porque de seguro mucho de esto, a nuestra manera, no lo podríamos hacer… En el amor necesitamos aprender, desaprender y volver a aprender.