EL CIMIENTO DEL AMOR DE ABBÁ

Si le pedimos a Dios que nos guíe, si le suplicamos para que nos indique, o si le pedimos que no nos deje DESVIAR a izquierda ni a derecha; obedecer a la primera, puede ser la mejor disposición, para recibir esa gracia por la que hemos estado orando, hemos estado aguardando y creyendo que él nos socorrerá… Confiar es un proceso en construcción.

«Pedir y se les dará»… entonces estemos listos para creer y recibir lo que Él nos dará.

Para algunas situaciones, podríamos estar enceguecidos con las dudas que nos impiden ver las certezas del amor del Señor: ante una enfermedad, ante escasez económica, ante la soledad, o ante la compañía, es como si las dudas se metieran en los ojos y solo viéramos duda, temor, soledad… Pero OJO, ATENCIÓN, cuando oramos, y si hemos anotado, escrito, o de alguna manera hemos «establecido» las promesas que Dios nos ha entregado, podemos casi que quitar esas dudas de la vista, y caminar con FE, con esa Certeza de lo que no vemos aún, pero sabemos que ES VERDAD EN el amor de Papá Dios.

Por otro lado, dejemos de permitirle a la perfección y a los estándares (que parece que cada vez aumentan más en rigidez), que nos ahoguen. Querer en ocasiones cumplir con normas o parámetros, puede empezar a ser como una celda en la que las paredes se mueven hacia adentro, y así hay opresión por la presión de lo que se cree que se espera o esperan los «estándares»…

¿Pero dónde queda la empatía, la flexibilidad, la adaptabilidad, y sobre todo la gran realidad de que estamos en construcción y que podemos ser constantes aprendices?

Por supuesto, hay situaciones como una cirugía en la que se requiere una alto nivel de precisión, altos estándares de asepsia, y un buen cumulo de experiencia; pero para esto han estudiado, y en ocasiones entran a cirugía sabiendo que algo nuevo podrían encontrar, algo que ni a sus conocimientos ni la experiencia podrían acudir. Pienso que esto puede suceder también a los maestros de los colegios que enseñan teorías, pero la enseñanza es en carácter, disciplina, formación a veces que trasciende para toda la vida.

Por otro lado, esto también podría suceder para ingenieros y arquitectos, que requieren medidas exactas, análisis precisos, y casi mínimos niveles de tolerancia al error; sin embargo hay espacio para que haya «tolerancia» al cambio, por ejemplo el asentamiento de un edificio

«El asentamiento de un edificio es el movimiento que experimenta una estructura cuando el suelo que la sostiene se comprime o cede» (tomado de internet, con una visión general creada por IA, es decir un resumen que hizo la inteligencia artificial). Entonces en algo que se calcula tanto, puede haber cambios que en ocasiones, son difíciles de calcular con la perfecta exactitud de duración y cantidad, puertas de seguridad de pisos altos… podrían ceder y ceder y ceder, por el el asentamiento, las grietas y otras tantas cosas, donde la exactitud ayudo, pero el cambió modificó.

Por su puesto que las medidas son necesarias, que la precisión es indispensable, pero en las últimas semanas aprendí que es mejor tener actitud de constante aprendiz, en vez de demostrar «arrogante perfección», o que es mejor dejar esa pesada manera de ser, queriendo demostrar que se tiene el control que los demás no se deben preocupar, que de la precisión se exime la equivocación… Nada más agobiante que la necesidad de perfección, y que maravilla es la certeza de paz que da la actitud de querer aprender, de construir juntos y sobre todo de saber que si dejamos la necesidad de control que genera la «búsqueda de la perfección» podemos entender que el cambio es parte de la solución.

En los momentos de angustia, es mejor buscar la GRACIA, eso que Dios nos regala por amor y que nos guía con clara dirección, a veces orar en una cirugía, en una construcción, en el estudio, en entrenamientos de voleibol, en la elaboración de tortas, en el inicio de tantas cosas… y durante la ejecución de aquellas cosas… Para solución y dirección lo mejor es la oración.

Cuando hacemos pausas para orar, recibimos creatividad, respuestas, soluciones, cambios incalculables de dirección, planes de trabajo y de estudio que si tomamos nota, seguramente nos sirven como cimiento para que ellos momentos en los que las dudas, los temores, los requisitos, etc., nos llevan a dejar de ver la realidad del que nos creó por amor.

Una gran verdad es que según lo que se use para los cimientos, se podrá tener mayor durabilidad, mayor flexibilidad, pero en especial mayor SEGURIDAD. Leyendo sobre cimentación y asentamiento para este escrito, aprendí, que después de poner los cimientos (de elegirlos, de estudiar el suelo, las normas, etc.), se arma la estructura de la «obra», y se podría ver un avance de cómo se verá cuando esté finalizada.

Raíces de una planta en nuestra casa

Entonces, cómo vez los fundamentos de tu fe, cómo está la gracia de Papá, cuánto creemos en el amor de Abbá, a quién queremos agradar… Anota las verdades que sabes que Dios te ha dado en oración, píntalas, o lo que quieras, pero no dejes en tu memoria la responsabilidad, porque es mejor anotar, pintar, cantar… Algo que después ver y con más precisión podrás recordar lo que recibiste de Papá. Son como esas certezas que sabes que vienen de Dios, no deben ser extensos, a veces una palabra puede ser suficiente: fe, amor, permanecer, paciencia,…

Pero te recuerdo una que ayer escuché en una canción y que fue eco de su amor, y me recordó una gran verdad sobre la que la obra de cada uno ha sido CIMENTADA: Creada, por el Dios que me AMO.

«Que nos baste su gracia», «que nos sea más que suficiente su amor», decía Pablo en la Carta a los Corintios

2 Cor 12:9 (TLA)

Entonces que ni la duda, ni la búsqueda de la precisa perfección nos nuble la visión. Recordemos que hay un cimiento que, aunque el suelo se mueva, aunque haya asentamiento y los vientos nos muevan, ese cimiento jamás se moverá porque ese amor, es el EL AMOR DE ABBÁ.

1 Corintios 13:13; 14:1 (TLA)

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