Ser luz y ser sal
Para esto primero debemos reconocer que en nosotros sí hay algo bueno para dar, que hay luz, que sí podemos bendecir. Algunos crecen creyendo, o en algún momento creen, que no pueden bendecir, que no son buenos para nada, que eso de dar… Mejor es tarea de otros… Pero sí hay algo bueno para dar, ser luz requiere que no se cubra, que no se esconda, que quiera iluminar, como esa emoción de la película, alegría, ella es alegría y actúa como tal, ilumina como tal. Pero no solo es irradiar alegría, a veces se puede irradiar paciencia, tranquilidad, quietud, y esto sin duda es una manera de alumbrar en situaciones que pueden ser transformadas solo porque alguien irradia paz. Como en las filas, o salas de espera, o en las reuniones de familia, en el trabajo, etc.
Alguien se podría encender con fuego que consume (como el que quema y lastima), pero si alguien está con ganas de establecer paz, la paz suele ganar; al menos para que la quiso conservar. Luz cálida, fría, de colores, etc., pero luz que alumbra es la que «alumbra», punto final; no hay tanto que analizar; si algo alumbra, alumbra y ya está.
O para ser sal, dominio propio algo de lo que escribí hace poco (link «ser, nos ayuda a conocer»), para no salar de más y no saturar, y tampoco ser escasos y pasar como si nada más. Por dónde Jesús pasaba, por dónde el Hijo de Dios pasaba, se notaba, porque he aprendido que vinimos para «estar y bendecir«; y cada uno con sus capacidades, semillas y talentos entregados por Papá, lo que él quiso en cada uno sembrar, y que sigue entregando para que lo podamos multiplicar.
Sabiduría para salar y también para alumbrar, de esto, si no tenemos , dicen que pidamos más y más… «Que si necesita sabiduría, que la pida», – dicen y está escrito por ahí- Busque el versículo y verá, así podrá empezar a escudriñar la sabiduría de leer en la escrito también Jesús desde niño leyó y aprendió.
En estos días, leyendo por primera vez de corrido el libro de Hechos, he encontrado tesoros impresionantes que he ido escribiendo para poderlos compartir. Claro muchos podrían leer estos mismos textos por sí mismos, ¿entonces para que compartir lo que hemos «entendido»?; a veces al leer o al escuchar lo que otros pueden entender nos ayuda a pensar desde desde diferentes perspectivas, ver desde otra ubicación, entender desde diferentes puntos de partida, y es por esto que el «testimonio se hace un medio tan efectivo para enseñar, compartir, y edificar». Pero especialmente para expresar, sembrar y abonar.
De esto nos hablan en la Biblia, de lo que vivieron Moisés, Elías, Abraham, Josué, Daniel, David, … Y así lo decía también Jesús a sus amigos: hablo de lo que veo, de lo que he vivido, de lo que veo hacer a mi Padre. Y esto les pedía hacer, vayan y hablen de lo que han visto y oído… Así que, leyendo hechos sin duda podemos aprender cómo fue que fueron y hablar de lo que habían visto y oído…
En Hechos 20, nos dejaron escrito cómo iban a de un lugar a otro, qué hacían, y algo que aprendí y que quiero compartir, es que ellos fueron testigos «elocuentes», es decir, no solo vivieron en su día a día, sino que también lo compartieron, hablaron, sembraron… El testigo es que el cuenta lo que ha visto, lo que ha vivido, o ha oído, pero mayor fuerza hay en lo vivido, en lo que cree, en lo arraigado, en eso que no puede serle arrebatado.
Para esto la sencillez es necesaria, hablar de algo no de todo, la avaricia en el compartir pienso que puede hacernos ahogar, confundir, y hasta enredar. Entender de qué queremos hablar, pienso que parte de logar identificar para qué «dar testimonio» de qué… Eso de lo que hemos vivido, cada uno, o como familia, o como pareja, o como sencillamente: Hijos de Papá, ¿acerca de qué quisiéramos contar?
Por esto algunos hablan de amor, otros de reconciliación, otros de familia, otros de pareja, otros a los jóvenes, otros a los niños, etc., algunos en temas de gobierno, otros en educación, salud, creatividad, seguridad, protección, paz, sanidad, fe, esperanza, generosidad, gratitud, amistad… Es algo certero que cada uno tiene su campo de entrenamiento y batalla, en algo que tiene victorias compartidas, que podría a otros entregar… Hablemos y entreguemos de eso bueno, de la sal que nos da sabor, de la luz que nos alumbra, seamos eco de lo bueno que hemos vivido en nuestra vida con Abbá.
Hechos 20: 20-21 decidí anunciarles y enseñarles … testificando …. acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.
(De esto hablaba Pablo, porque lo vivió y así lo entendió… Tuvo que arrepentirse y luego hablo de la fe en el Señor.)
¿De qué hablamos cuando hablamos de la gracia de Dios?
Y, ¿qué actitud acompaña nuestras palabras? O, ¿qué actitud tenemos en el día a día?, ¿hará eco de lo que decimos, o lo contamos con amargura, sufrimiento, duda, condena? Hablamos de fe, pero nos quejamos muy seguido, hablamos de paz pero vivimos atormentados… Algo que oí esta semana y me removió, es que en la historia de Martha y María, la «atareada se veía atareada, ocupada, afanada»; pero la que estaba en calma (no porque no hiciera nada), se veía en calma… No vemos atareados o en calma. Hablemos con palabras pero también con lo que hacemos, alumbremos y salemos con sencillez, si lo vivimos lo vivimos y eso hace más sencillo lo que decimos…
Parte 2:
Al leer el libro de Hechos he aprendido que Pablo, a pesar de saber que de pronto la pasaría mal decidió continuar con mucho gozo, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios (hechos 20:24)
«Con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio (tarea) que recibí del Señor Jesús, PARA DAR TESTIMONIO DEL EVANGELIO DE LA GRACIA DE DIOS».
Alguien que estuvo en la cárcel, perseguido…. Decidió CONTINUAR CON GOZO, continuar con la carrera que había empezado, Pablo sabía que le esperaban más prisiones y tribulaciones, pero aún así decidió continuar con aquello que él creía, aquella tarea con frutos para toda la vida, aquella que era más importante aún que su propia vida. Cuánta certeza, cuánta fe…
¿Qué es lo queremos dejar?, ¿qué legado queremos sembrar?, sal, luz … BENDICIÓN, ESTO ES LO QUE PODEMOS DAR… Y sin afán, la sal sala porque tiene sal, la luz alumbra porque ya fue encendida… No es en nuestras fuerzas, Él está todo el tiempo con nosotros.
Aunque Pablo vivió muchas cosas, hablo con denuedo de la gracia del Señor, de la fe en Jesucristo y del arrepentimiento para con Dios (hechos 20:21)
Entonces, si nos vamos de un lugar, sencillo (no pensemos en algo más), sino al salir de un lugar, que aroma podríamos dejar?, queja o bendición, amargura o satisfacción, contentamiento o ansiedad, amistad o soledad, juicio o reconciliación…
¿De qué hablamos?, ¿ACERCA DE QUÉ DAMOS TESTIMONIO DE NUESTRA VERDAD CON DIOS … damos testimonio de nuestra verdad con Dios?
No debe ser un largo listado una resma escrita, podría ser más que suficiente sembrar sobre el amor, la fe, el perdón, las familias, la sanidad, de eso que sabemos porque HEMOS SIDO TESTIGOS.
¿A quién? Jóvenes, ancianos, parejas, familias, trabajadores, empresarios, pueblos, naciones… A esos que sabes que pueden entenderte mejor, con los que sabes que puedes servir, ándale, avanza; siempre hay alguien con ganas de escuchar…
A cada uno de nosotros algo nos corresponde, no nos corresponde todo, pero a todos si nos ha sido asignado algo… ¿Qué será de eso que puedes testificar?, pienso que es revisar de qué te ha hablado Papá Dios, que es lo que has aprendido en tu caminar con él, que eso que repites y repites al hablar de él… ¿Qué es de lo que Jesús te ha querido enseñar para que lo puedas enseñar/testificar/compartir?
Si una planta es para dar frutos rojos, es porque da frutos rojos, si un faro es para guiar, si la sal es para salar, si fuiste llamado por Abbá, es para ser Hijo de Papá.