Ser, nos ayuda a conocer

Somos hijos de Dios, esto es lo que Jesús nos quiso enseñar, quiso «compartirnos el amor de su Papá». Conocer al que nos creó en un ámbito diferente, y llamarlo Papá, fue algo nuevo para los creyentes; algo que tuvo que romper demasiadas estructuras en aquella época: ¿Es Jehová, Papá?, es algo que sigue cambiando muchas reverencias, y sin duda tiene que ser algo que ROMPA LA DISTANCIA en medio de la Paternidad de Dios.

Al ser miembros de un colegio, grupo, equipo, etc., estamos cerca a los demás, al capitán/entrenador, maestros, etc., Entonces SER HIJOS, es algo que nos permite conocer a Dios como Papá, si somos hijos, entonces hay una Papá, y ese es Abbá.

Recuerdo que somos llamados a ser: luz y sal, pero esto toma un «aspecto diferente», cuando pensamos en ser LUZ y SAL, como HIJOS de Papá Dios; pues al ser hijo tenemos algo de Papá Dios para ser luz y para ser sal; no como granos alejados de sal o como lámparas con luz «prestada», es que hay algo de su amor en nosotros que podemos entregar.

Luz, es algo que empieza siendo pequeño, pero que puede iluminar toda una ciudad, o un pequeño lugar. Algunos días atrás, escuché una buena explicación en la que diferenciaban alumbrar con ser una simple luz. Al alumbrar hay mayor alcance, no sé enciende solo por algo personal; además si vemos los bombillos se apagan, se prenden, y hasta se funden; pero algo que alumbra puede ser porque emana luz desde adentro (algo como: de eso que abunda en el interior, podría alumbrar alrededor…)

Ser luz, nos permite identificar la luz, y como Hijos de Abbá, es ser luz para alumbrar con amor, compasión, disciplina, orden, y bendición (y esos dones que solo cada uno puede entregar, porque fueron entregados como semillas por Papá).

Además, también dicen que estamos llamados a SER sal, y ¿cómo sería la sal como Hijos de Papá?

Seguramente con buena medida, con intensidad, como si fuera con la intención de transformar, de hacer de lo «soso o de lo insípido», algo más grato para compartir y recibir.

La sal del inmenso mar no se diferencia, pero la sal en el mar hace una gran diferencia. Podríamos decir que para salar a una mayor cantidad de superficie del mar, debemos ser más en cantidad, un grano de sal no sala mucho, ¿verdad?, pero unos cuantos granos de sal pueden salar mucho más. Además, la sal da sabor por lo que hay adentro, por su propia esencia, por aquello con lo que está «hecha», somos «hechura de Papá Dios», entonces bendigamos como Hijos de Papá, para transformar, para salar, para:

  • Ser LUZ que alumbra a muchos más (así sea en el pequeño entorno que nos rodea), y
  • SER la SAL que junto a otros, pueda transformar: con palabras de paz, con buenas charlas, con inter-cesiones por otros.

Salemos e iluminemos con gozo, con Buenas Noticias, con sonrisas, aún con lágrimas (que dicen son saladas), es que no es ser Dios, es amar, es perdonar, es acompañar, es dar, pero también compartir, pedir, y bendecir. Dios es Dios, eso lo corresponde a Él, pero a nosotros como sus Hijos, nos corresponde SER LUZ que alumbra, y SAL que marca la diferencia con buenas nuevas.

Como la siguiente imagen, una planta que se refleja (el espejo está al lado); seamos el reflejo del amor de Papá, para alumbrar y salar a los que estén en este tiempo a nuestro alrededor.

Nota: esta es una planta de arándanos en una exposición, nos explicaron el proceso; planta que da fruto 4 veces al año, hay muchas variedades, pero aunque sus frutos parecen pequeños, son ahora muy apetecidos por sus beneficios. Aunque no crezca mucho, se poda y vuelve y da fruto, una y otra vez. Florece, da fruto y bendice a los que de ella comen, pero también bendice a los que la cuidan y comparten los frutos con muchos otros, clientes, familiares o ellos mismos.

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