Por favor léelo haciendo las pausas en las comas, ten muy presente la puntuación del siguiente renglón:
Hebreos 6:15 Y así, habiendo esperado con paciencia, obtuvo la promesa. (LBLA)
Es como si lo leyéramos pensando un poco después de cada coma (,):
Y así,
habiendo esperado con paciencia,
obtuvo la promesa.
Oramos, pedimos, hablamos con Dios… ¿Con qué propósito lo hacemos?, ¿para qué?, ¿qué buscamos?
Una lógica respuesta podría ser: «para que eso que pedimos se dé, eso que anhelamos lo recibamos… ¡que SUCEDA algo!, pero que suceda; pues se espera respuesta, un algo a cambio, ¿verdad?
Tantas veces comparo nuestro hoy con lo que vivieron los personajes del antiguo testamento, ese pueblo que caminaba con una promesa de libertad, o ese varón como Abraham que hasta de generaciones recibió promesa cuando su mujer era estéril; o de José, que tenía un don especial que no entendía pero que a Su tiempo lo pudo comprender y bien utilizar… Pienso que si estos en el proceso cometieron errores, por afán en gran medida fue, como si quisieran «echarle una mano a Dios», por querer recibir por sus medios lo que otro (Dios) les había dicho que les daría; paradójico no?, ¿si Dios dijo que lo hará, pues lo lógico es que Él lo haga, ¿verdad?
En una ocasión, hace algunos años, Papá Dios me dijo que pagaría una deuda mía (aunque parezca un disparate, así fue; y bueno, ¿por qué ha de extrañarnos tener comunicación directa con Papá Dios, si el velo que nos separaba ya se rasgó?)… Esto ocurrió en 2015, obviamente no entendía, sería algo buenísimo, pero, ¿cómo sería?, pues en ese momento yo no tenía trabajo, solo por gracia de Dios, había empezado a servir en un proyecto de jóvenes; digo por gracia, porque estaba tratando de levantarme de una fuerte depresión (de la cual el Señor Jesús me rescató).
Tan poco era lo que entendía, que lo callaba, solo un tiempo después a algunos les contaba, que una promesa de Dios había yo recibido, pero no sabía cómo sucedería y ni si quiera si sucedería, pues hasta dudaba de haberla recibido (no por Dios, sino por mi bajo nivel de fe).
Finalmente la deuda fue pagada por Él en 2017, de contado, así como te lo estoy contando. Es una historia fascinante, y milagrosa, como solo de sus mano pudo salir. Si quieres leer un poco más, para así poder continuar con lo que corresponde a este escrito, te invitó al leer el escrito «Contaré de las cosas maravillosas que has hecho» haz click aquí)
Parece poco tiempo, 2 años, pero ciertamente un día es largo en momentos de tribulación, solo hasta hoy que escribo esto, soy consciente del corto tiempo… Pero pareció taaaanto en ese momento.
Ahora, que se está hablando tantísimo de fe, es necesario recordar que las promesas se esperan, eso por lo que oramos, pedimos, hablamos con Dios… ¿Con qué propósito lo hacemos?, ¿para qué?, ¿qué buscamos?
Si esperamos SU RESPUESTA, entonces esperemos con paciencia.
Y si has recibido alguna promesa de Él (ojo, de él, no una que tu le hayas hecho), espera como Abraham, con paciencia… Y si promesa no has recibido, igualmente ten paciencia, a lo mejor si la has recibido pero como no ha llegado la pudiste haber guardado en el olvido.
Que nuestro Paracleto, el Ayudador, una vez más nos ayude, ésta vez para lo que cada uno necesite:
- Desempolvar las promesas olvidadas, (y aún si hay dolor, frustración, duda, queja, etc., pueda haber paz y sanidad, pues Dios siembra en tierra fértil y la cosecha se da mejor en tierra sana);
- Recordar lo que alguna vez recibió como promesa y su respectiva respuesta, pues que bueno sería tener ahora esa verdad como apoyo y fortaleza, como agua que refresque la fe si es que es que está seca;
- Que ese fruto de la paciencia crezca en éste tiempo, para aquellos que están a la espera de que Dios cumpla su promesa.
¿Parece imposible?, si fuera algo entendible para nuestra razón y alcanzable por nuestros medios, como humanos, no sería una promesa de Dios que se deba esperar, pues solo Él es quien hace posible lo imposible… Aunque haya promesas que se parezcan a nuestros más extremos anhelos, y ni nos atrevamos a mencionarlos, pues la fe del niño sin argumentos ni límites, parece que se hubiera desvanecido mientras crecimos.
Anhelemos en grande junto con el Dios de los imposibles, o acaso, ¿Abraham podría imaginar que tanto se iba a multiplicar?, vio las estrellas aquel día, y el anhelo de Jehová fue su anhelo.
Anhelemos los anhelos de Papá Dios, que el Paracleto nos ayude a anhelar las promesas y a esperarlas con paciencia: con los cojos que corren, con los enfermos sanados, con los ciegos que ven, con las estériles que se multiplican, con los que llegan a su tierra prometida, con el día en que los dones recibidos serán bien utilizados, con los cautivos liberados, con los corazones de los padres que se vuelven a sus hijos, con los corazones de los hijos que se vuelven a sus padres, con los nietos como coronas de sus abuelos, con los momentos de oración por un enfermo, con las misiones de los llamados a ser misioneros, con que el amor sea paciente, con que el amor sea bondadoso, con todo lo bueno y digno de ser anhelado… Simplemente anhela; a la final su promesa hecha es como su obrar aquí en la tierra.
Las promesas de Dios nos dan esperanza contra esperanza, nos hacen miran más alto, y permiten que nuestra fe se ensanche cada vez más.
Entonces cuando oremos, pidamos o hablemos con Papá Dios, con nuestro hermano mayor -Jesús-, o con el El Espíritu Santo; lo más importante es que les creamos; Jesús cuestionaba a sus discípulos por la incredulidad y dureza de corazón; que no nos pase lo mismo, cuando oremos, ¡creamos!
Perdónanos Señor por no creerte, perdona nuestra falta de fe, perdónanos por creerle más a los problemas que a tus promesas… Aumenta nuestra fe, por favor, auméntala, queremos creer como tu Jesús, hermanito mayor, enséñanos a creer por favor, a ser tan fieles como tú, a estar firmes como con el ancla de un barco:
Hebreos 6:18-19 para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un poderoso estímulo los que hemos huido en busca de seguridad, para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros; 19 la cual tenemos como firme y segura ancla del alma, que penetra hasta lo que está en el interior del velo, (BTX)