¿Agendas impostergables?

Hace pocos días, dos personas acordaron encontrarse, fue idea de una y la otra aceptó, pero por alguna desconocida razón la otra cambió los planes y no le dijo a una, así que una no dijo nada, solo siguió con sus actividades, pero con dolor, se sentía burlada, ignorada y muy confundida.

La incomodidad emocional aumentaba porque la otra no decía nada, tanto que una llegó a dudar si había sido claro lo que habían acordado…

Al pasar los minutos, los pensamientos de una que se estaban formando por la confusión, iban creando una imaginaría conversación en la que una reprocharía de manera muy elegante a la otra (como si reprochar fuera elegante… porque ni sutil ni discreto es reprochar, aunque con las palabras se intente jugar)… Así que mientras una, imaginaba el momento del reproche, la compañía, el tono, los gestos de su cara y los de la cara de la otra, un pensamiento como lanza oportunamente lanzada cayó y todo interrumpió…

¿Cuántas veces has dejado plantado a Jesús?, y ¿cuántas veces lo has dejado esperándote, aunque le has dicho que te levantarías a orar?, y aún mejor, ¿cuántas veces él te ha estado esperando aunque no hubieran acordado encontrarse?

¡Vaya!, que gran remezón (temblor o movimiento sísmico breve y de poca intensidad), en la imaginación de una… Su premeditada conversación con la otra dejo de tener lugar en su mente, y ella misma se preguntó: ¿quién soy yo para considerar mi agenda más valiosa que la de Jesús, pues si él siempre está dispuesto (con todo lo que tiene), por qué yo no podré estarlo?

Así, una pensó, que si la otra decide reunirse en otro momento, ella estaría dispuesta porque su agenda no era impostergable.

Juan 3: 11a De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; …

Deja un comentario