«Contaré de las cosas maravillosas que has hecho «

He venido escribiendo que en la quietud encontramos la fortaleza, que en quietud y reposo Dios es nuestra fortaleza; además, iba a empezar a escribir una serie sobre la «intimidad con Dios», pero hoy ha surgido una pregunta (que obvio genera otras), muy valida para hacer antes de empezar  la serie de la intimidad:

¿Qué es fortaleza?, ¿tengo fortaleza?, ¿de dónde viene mi fortaleza, ¿en qué/quién ponemos nuestra fortaleza?

Quizás por confusión en estos conceptos, se ha creído que la fortaleza es dada por lo que se tiene y no por lo que se es… Trillada conclusión, pero tan necesaria de ser repetida porque una y otra vez caemos en esto:

Salmos 52:7

He aquí el hombre que no puso a Dios por su fortaleza, Sino que confió en la multitud de sus riquezas, Y se mantuvo en su maldad. (RVR1960)

Por esto surgieron las preguntas… Y bueno, como le pasaba a Pedro y a Juan (no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. Hechos 4:20 RVR1960), tampoco yo puedo puedo dejar de contar lo que me ha pasado en estos días.

No  lo hago por pretensión, preferiría atesorarlo en mi corazón para evitar comentarios o juicios de quienes lo lean, pero Jesús envió a más de uno a dar testimonio y como dicen los salmos: No encubrí tu justicia dentro de mi corazón; He publicado tu fidelidad y tu salvación; No oculté tu misericordia y tu verdad en grande asamblea (Salmo 40:10 RVR1060); y Te alabaré, Señor, con todo mi corazón; contaré de las cosas maravillosas que has hecho (Salmo 9:1 NVI)

Por lo que se «aprende» en televisión, lo que enseñan en el colegio, en las universidades, en las conversaciones desde pequeños… Aprendí a vivir de apariencias, aún la lucha sigue, pero ya es mucho menos (de no ser así ni hubiese escrito esto); pensaba que el dinero era fortaleza, que los títulos eran fortaleza, que el nombre de la empresa en la que trabajaba era fortaleza… Pero gracias al Señor, he aprendido que esa no es la verdadera fortaleza.

Hace 4 años volvimos de España a Colombia, y teníamos algo de ahorros pero también tarjetas de crédito y parecían la mejor solución para algunas cosas, que ni fundamentales eran, pero cuando falta sabiduría… El corazón (las emociones) es engañoso y mal consejero; así que nos endeudamos, y a la final fui yo la que decidí hacerlo, deuda tras deuda, pequeñas pero sumaban. Luego fui yo la que decidí la cuota mensual refinanciar… Pero tomé un pésimo consejo, y con toda la soberbia posible decidí no volver a pagar ni una sola cuota, creyendo que ya podría controlarlo todo y volver a pagar… Y así se salió de «mi control» y claro sonó la primera llamada para cobrar, y aunque intente buscar ayuda, ya era muy tarde…

Así mi buena vida crediticia empezaba a agonizar, y la vergüenza llamada tras llamada aumentaba, no quería que nadie supiera, pero también eso de «mi control» se salió…

Un día audiblemente oí a Dios decirme «yo las pagaré, yo pagaré»… ¿Audible?, sí, eso es posible, sino leamos la Palabra de Dios y por montones está… Pero en fin eso es otro tema.

Y claro, ¿pero cómo lo haría, el dinero caería del cielo, una bolsa llena de dinero aparecería, o me llamarían a decirme que la deuda había desaparecido?, y así, con preguntas y una promesa de Dios, empezaba la historia desde principios de 2015, hace más de dos años atrás.

La situación laboral no fue la mejor, intentamos varias cosas, hubo muchísimos hermosos aprendizajes, como: aferrarse a la promesas de Dios, la fe no puede ser de microondas, la paciencia es un fruto que trae frutos, el tiempo de Dios no es humano, Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? (Números 23:19 RVR1960), DIOS ES FIEL y lo que dice lo hace.

Y resumiendo 2 años y medio de muchas dudas, solo una cosa quedaba por hacer: CONFIAR, EN QUIETUD y EN REPOSO, y no era acostada, ¡no!, era no buscar hacer nada por mis fuerzas, entregarle el «control», no era a mi manera, mi tarea tan sólo era creer y no ser estorbo para que mi esposo también creyera… Así se ajustaron demasiados aspectos en nuestra vida… Y esta semana, como solo Dios puede hacerlo, pagó la deuda. No fue condonada, fue pagada con dinero real…

Hace 5 meses recibimos un dinero que era para algo que parecía urgente (de alguien que ni hubiéramos pensado que iba a ser usado por Dios para bendecirnos, quizás si se lo pedíamos, ¿pero que fuera instrumento de Dios?, no), nos aferramos en oración a clamar por la justicia de Dios en aquella «urgencia», y Dios nos respaldó y el dinero no se usó para lo que había sido enviado. Lo guardamos hasta que Dios nos indicará para qué lo podíamos usar o si debíamos devolverlo a quien lo había enviado…

Esta semana llegó una carta de la empresa que me cobraba (porque las tarjetas estaban a mi nombre), indicando un nuevo monto a pagar (diferente al que un día atrás me habían cobrado por teléfono), ahora era equivalente al dinero que habíamos recibido y habíamos guardado. Tan solo debíamos pagar el 50% del capital, ahorrándonos el 100% de los intereses y el 50% del capital…

Y una hermosa Palabra como confirmación recibimos para usar el dinero guardado y cancelar la deuda… Orábamos como hijos y Él respondió como Padre:

Juan 1:12

Pero a quienes lo recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios. (DHH)

Vaya que es exquisito dejar de pensar que las «riquezas» son mi fortaleza, y permitirle a Dios glorificarse, porque ahora comprendo que «pusimos a Dios por nuestra fortaleza», y esa es nuestra riqueza …. Te invito a leer todo el Salmo 9, es un hermoso complemento.

 

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