1 Juan 3:3a
3 Todo el que espera confiadamente que todo esto suceda (TLA)
Leyendo esto hace un tiempo, me surgió una importante inquietud: ¿Sabemos esperar?, y ¿sabemos esperar confiadamente?, ¿no basta solo con esperar, además es necesario esperar «confiadamente»?
A veces nos cuesta esperar, posiblemente porque no hay confianza, y lo gracioso es que nos atrevemos a decir que sí confiamos, pero ¿»realmente» lo hacemos?, por ejemplo, cuando sabemos que unas papas en la olla a presión (o pitadora) se cocinan y se ablandan para que podamos comerlas, esperamos lo que sea necesario; pero si no «confiáramos» en que la olla puede hacer esto, posiblemente la estaríamos abriendo cada 3 minutos para comprobar el estado de las papas y sin duda el tiempo total aumentaría y las papas se estropearían.
También solemos des-esperarnos por falta de conocimiento, como cuando alguien hace una torta por primera vez, o se conduce a un lugar desconocido… Como no sabemos, parece más fácil des-esperarnos que retomar aquella característica aventurera y curiosa de los niños, que permite que el conocimiento se adquiera durante la aventura.
La impaciencia muchas veces es porque queremos controlarlo todo, aunque haya cosas que dependan del actuar de otros, no importa, lamentablemente pueden surgir «ideas» de persuasión (aunque realmente podría llamarse manipulación), todo para que «se agilicen los procesos», para «destrabar las situaciones», «para echar una mano», para «aconsejar por experiencia o conocimientos»…, y muchas veces si hubiéramos esperado, el resultado que hubiéramos obtenido nos hubiera sorprendido gratamente.
Son simplemente excusas para forzar los desenlaces, pero de nada sirve, porque quizás, si hubiésemos sabido esperar, el resultado con seguridad hubiese sido mejor; algo así como los bananos que se compran, se ven hermosos por fuera, pero fueron madurados a la fuerza, y aunque se ven apetecibles y saludables por fuera, cuando los mordemos, realmente están sin sabor, y las ganas de comer un rico banano se quedaron en eso, solo en las ganas.
Así sucede con nuestros procesos con Dios, a veces no esperamos porque creemos que confiamos pero realmente desconfiamos; o porque nos falta verdadero conocimiento y las propias apreciaciones nos hacen desviarnos o estropear lo que Él está queriendo hacer; y sin duda algo que pasa muy seguido, el temor a entregar el control nos hace perder grandiosas oportunidades.
¿Sabemos esperar y sabemos esperar confiadamente?
Esperar requiere confiar, y para confiar se requiere paciencia; la paciencia nos permite conocer, y el conocer nos permite entregar el control; tan solo cuando aprendemos a entregar el control, hacemos algo más que esperar: «aprendemos a esperar confiadamente, sin temor a ceder el control».
Es complicado aprender a esperar y más cuando la espera es larga, cuando pasan dias, meses y tal vez años, sin embargo, es ahí dónde sabemos que si le entrego el control puede hacerlo perfecto.
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Así es María, cuando entregamos el control a Jesús, podes descansar en esas largas esperas
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