La historia de Samuelita (parte 2): El carácter como la caja de herramientas caja de herramientas que nos sirve como sustento y fundamento para estabilizar nuestra vida.

Hace poco hablaba con alguien sobre «el carácter» y casi no podemos definirlo de manera sencilla en nuestra palabras. Vimos que es algo que se cree saber qué es, pero no sé logra explicar con facilidad, es una palabra tan repetida que a veces se menciona faltando a su significado, porque no se sabe de lo que se habla concretamente y es tanta la falta de sentido que confusión ha causado en su uso y significado… Y me quede pensando en esto.

Cuando retomé el borrador que tenía para la segunda parte de la historia de Samuelita, encontré otra definición de carácter: «aquello en lo que estamos parados, en eso en lo que hemos fundamentado nuestra vida».

Por esto, una persona de débil carácter puede ser inestable, temerosa, indecisa, variable, dubitativa, débil; pues su fundamento se tambalea con facilidad. Pero una persona con carácter fuerte, suele ser estable, valiente, decidida, consistente, segura, fuerte; porque eso en lo que decidió fundamentar su vida la lleva a permanecer y caminar de ésta manera.

Por eso definíamos, para llegar a un acuerdo, que carácter es: una caja de herramientas que vamos adquiriendo, desde niños, para ir usando en el camino; y yo complementaría, que es esa caja de herramientas que nos sirve como sustento y fundamento  para dar estabilidad a nuestra vida.

¿Y esto qué tiene que ver con Samuelita?, Samuelita, es una ovejita que tiene sus patas verdes porque sabe en dónde ha puesto su fundamento, ha decidido que Jesús sea su Pastor, el que la guíe y la cuide, pues toda oveja necesita uno.

Por esto está tranquila y sonríe, a pesar de las heridas mencionadas en escritos pasados; es estable su vida (no perfecta y ausente de tribulaciones) pues ella sabe que su pastor cumplirá lo que dice el Salmo 23, tan repetido pero palabras escritas con tanto sentido cuando se les da el motivo:

Salmos 23

1 El Señor es mi pastor; tengo todo lo que necesito. En verdes prados me deja descansar; me conduce junto a arroyos tranquilos. Él renueva mis fuerzas. Me guía por sendas correctas, y así da honra a su nombreAun cuando yo pase por el valle más oscuro, no temeré, porque tú estás a mi lado. Tu vara y tu cayado me protegen y me confortan. Me preparas un banquete en presencia de mis enemigos. Me honras ungiendo mi cabeza con aceite. Mi copa se desborda de bendiciones. Ciertamente tu bondad y tu amor inagotable me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor viviré por siempre. (NTV)

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¿Si fuéramos como Samuelita, de qué color estarían pintadas nuestras patas?, ¿en dónde estamos hoy parados?, ¿qué hay en nuestra caja de herramientas?, ¿sobre qué o quién hemos puesto nuestros pies?

 

 

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