Como arcilla (parte 9): Nadie es lo suficientemente renuente para evitar ser moldeado por el alfarero de alfareros

Sin duda necesitamos ser moldeados, ¡claro que sí!, y en más de una ocasión; no somos obras terminadas como piedras duras renuentes al cambio; pues aun las piedras más duras van cambiando de forma con: la fuerza del agua, el roce de sus vecinos y los hitos del imparable tiempo.

Algo precioso, es que el alfarero de alfareros también moldea con sus mano, y con sus propias manos, no delega a nadie tan importante tarea:

Isaías 49:16a

16 He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida. (RVR 1960)

Génesis 2:7 

Entonces Jehová Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. (RVR 1977)

Somos como el barro, y necesitamos de agua para ser moldeados, para ser «remendados», para tener consistencia y no rompernos tan fácilmente… Paradójico que algo tan suave como el agua pueda hacer tan consistente la arcilla, ¿verdad?

Cuando algo se nos quiebra y el Señor ve que es necesario sanarlo y restaurarlo, Él lo hace con aguas frescas, nuevas, sin partículas, son aguas limpias.

Isaías 58:11

11 El Señor te guiará siempre; te saciará en tierras resecas, y fortalecerá tus huesos.
Serás como jardín bien regado, como manantial cuyas aguas no se agotan. (NVI)

Todo tiene un tiempo, con Dios también hay tiempos de espera, Dios es Dios paciente, por algo la paciencia es un fruto de su Espíritu Santo… Entonces, esperemos pacientemente en cada momento del proceso, mientras tanto somos formados.

Hebreos 6:15

15 Abraham esperó con paciencia, y recibió lo que Dios le había prometido. (DHH)

Para pasar al proceso de pulido y lijado, es necesario alejarnos de las aguas, sin temor, es necesario para seguir el proceso de «perfeccionamiento», para ir a ese momento en el que, nos, son quitadas cosas que estorban y hacen áspero el contacto. Esto necesario es para que podamos seguir el camino de «pulido y ajuste», aunque suceda en zonas incomodas, siempre es necesario. Quizás alguna parte ya fue moldeada nuevamente, se ha solidificado y está lista para que podamos seguir andando, y así muchos hemos aprendido que después de cada incomoda situación algo mejor, sin duda, vendrá.

2 Corintios 4:17

17 Pues nuestras dificultades actuales son pequeñas y no durarán mucho tiempo. Sin embargo, ¡nos producen una gloria que durará para siempre y que es de mucho más peso que las dificultades! (NTV)

Cada obra, cada uno, es tan diferente como la infinidad de colores de la paleta del más grande pintor, con tonos únicos aunque parezcan similares, todos tan únicos he irrepetibles que pintor humano no tendría cuarto tan grande para guardar tan grande gama de colores.

El Espíritu Santo, como el barniz (o resina), es el que une las partes, protege la obra y da verdadera vida.

2 Corintios 3:17-18

17-18 Porque el Señor y el Espíritu son uno mismo, y donde está el Espíritu del Señor hay libertad. Y nosotros no tenemos ningún velo que nos cubra la cara. Somos como un espejo que refleja la grandeza del Señor, quien cambia nuestra vida. Gracias a la acción de su Espíritu en nosotros, cada vez nos parecemos más a él. (TLA)

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