Pulir para quitar las asperezas, lo que sobra y lo que podría lastimar aunque sea levemente rozado. En este momento, es posible dar forma definitiva a algunas partes muy pequeñas (lo que se haya podido dificultar con la arcilla tan humedecida), de emparejar superficies extensas, de suavizar la obra, de hacerla menos agresiva al tacto; es posible hacer ajustes, ajustar algunas partes y definir detalles.
Luego de lijar y pulir la arcilla, la obra siempre será más suave al contacto. Cinceles pequeños, como las personas que se rozan para darse forma, lijas suaves y duras para partes más grandes, como las situaciones que ayudan para emparejar las superficies y ajustar algunas partes de la obra.
Aunque se se pueda lijar, es prudente hacerlo con delicadeza para no dejar marcas o rayaduras sobre la arcilla; y aunque se puede pulir es necesario acudir a la prudencia para no romper la arcilla o quitar más de lo necesario… Como si fuera un proceso entre un maestro y su estudiante, o un diálogo entre un padre y sus hijos, o un juego entre una madre y sus hijos.
¿Cuántas veces no hemos dicho o escuchado la oración: «yo soy así y así me quedaré, al que le guste bien y al que no pues ni modo»?, posiblemente no sea una verdad tan definitiva y haya asperezas para quitar y espacios para pulir; como sucede con los abuelos «cascarrabias» que se hacen más suaves luego de ser lijados por un fuerte abrazo de sus nietos y pulidos por los besos y detalles de sus pequeños.
Luego de lijar, pulir o afinar, es necesario «barrer» para quitar el polvo de lo que se ha quitado, si no se acumularía y todo ensuciaría… Como dicen por ahí que lo que no sirve, que no estorbe… ¿Y qué mejor si es para hacer la obra más bella y suave para el tacto?