Como arcilla. (parte 3) Las primeras herramientas

Nuestras manos bastan como las herramientas para trabajar la arcilla. Sean largas, delgadas, fuertes, acolchadas como nubes, huesudas, con formas casi perfectas según los críticos de métrica belleza, o simplemente con formas y tamaños únicos y diferentes…

Hoy, una vez más agradezco a Dios por las mías, tienen una forma única (fijo estarás tratando de recordarlas jajajaja). Muchas veces las escondí para que no «me avergonzarán», muchos se burlaron de ellas, me saludaban de satírica manera; pero aunque las arepas no me queden 100% planas, he aprendido a valorarlas, porque la forma única y diferente de mis dedos me sirve para moldear mejor la arcilla o la harina de las galletas, o para usar mi dedo pequeño como soporte al pintar; porque como me dijo un médico (de esos ancianos que veían diferente la medicina y servían a sus pacientes): tus manos parecen nubes, parecen almohaditas… Por primera vez, vi mis manos diferentes, alguien habló bien de ellas, no había enfermedad en ellas, simplemente, diferentes eran.

¿Si son diferentes porque yo hice algo que les dio esa forma a mis dedos, o porque alguna condición de extrema flexibilidad colaboró?, no lo sé, hoy sé que agradezco por ellas, porque son mis herramientas para pintar, crear algo de la nada con arcilla y para escribir.

Casi siempre son las primeras herramientas con las que todo niño empieza a explorar, a sentir lo que lo rodea, a percibir las texturas, a decorar las paredes, a saludar a sus padres… Es lo primero que ve de él mismo sin espejos ni fotos, literalmente es lo primero que ve de primera mano; y así empieza a disfrutar jugando a levantarlas y moverlas, mientras va entendiendo qué hacer con ellas.

Para trabajar la arcilla con las manos, según el área que se quiera trabajar, se usa un dedo, con delicadeza y precisión, o se abarca un poco más de área con la mano abierta y se puede hacer un poco más de fuerza; o se usan los dedos como un equipo que comparte una misma misión, dar la forma que se desea a lo que en principio parecía una masa amorfa.

               

Y en estos días que volvía a trabajar con la arcilla, algo hermoso descubrí, la huella del alfarero va quedando en cada parte de la creación, porque sus dedos la moldean y sus huellas, en ella dejan.

 

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