Como arcilla (parte 1)

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Hace unas semanas aprendí a trabajar con arcilla (perdón por hablar de mis experiencias, pero es la manera como yo entiendo y puedo explicar a otros).

He oído que a muchos no les gusta «ensuciarse las manos», pues este era mi caso, si había herramientas para trabajar y ensuciarlas, era mejor que hacerlo con mis manos, por ejemplo en la cocina, o para pegar algo, o limpiar algo, o cuando un balón de voleyball rodaba por el suelo y se untaba de agua y trozos de tierra, no era divertido cogerlo… La recursividad la entrené y me servía, pero he aprendido que a veces es mejor usar lo básico y lo sencillo.

Tantos inventos hay ahora, que hasta el sabor pierden las comidas, los ejercicios parecen imposibles de hacer sin los múltiples elementos, las tareas se hacen más demoradas solo porque para empezar es necesario tomarse un buen tiempo en organizarlo todo… No es malo, solo que en cosas como la arcilla es necesario «untarse» y «no complicarse».

Agua, arcilla, manos y ganas, son suficientes para crear… Y claro, valor para «ensuciarse» y para creer que de un pedazo de algo como un «mazacote», puede formarse algo.

Génesis 1:2a

La tierra no tenía entonces ninguna forma. (DHH)

 

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