No sé si has leído el antiguo testamento, pero si lo has hecho habrás visto que Dios se comunicaba directamente con algunos, y a veces, no era muy seguido.
Aún así, personajes como Abraham y su esposa Sara, esperaron mucho tiempo la respuesta de la promesa que Jehová les había hecho de que serían padres, siendo Sarai estéril y Abram anciano, bien anciano (Génesis 15: 5; Génesis 17:17 y Romanos 4:19).
Una vez más, Dios hablaba de cosas imposibles como una generación tan numerosa como las estrellas en una situación francamente increíble para la razón humana… No solo habló de fruto en tierra estéril, sino que hablo de abundancia.
Y hoy, que sí podemos tener una comunicación DIRECTA y CONTINÚA con Dios, gracias a lo que hizo Jesucristo, al haber tomado nuestro lugar para que el pecado dejara de estorbar en nuestra relación con Dios; aún así, nos desesperamos porque no suele haber pronta respuesta y menos inmediata, y a veces parece más fácil, acudir a fuentes de rápida respuesta como si máquinas tragamonedas para cumplir sueños fueran, como una película que vi de niña, un niño quería ser grande, fue a una feria y encontró una máquina, metió una moneda y al siguiente día su deseo era una realidad; y así muchas más que nos hicieron creer que esa fantasía de inmediatez, posible podría ser.
La impaciente paciencia, hace que vivamos ocasionalmente en idealizados mundos, porque creemos que solo con pensarlo es ya un hecho, y esto hace que el afán sea muchas veces el tren de carga que sin rumbo se desliza por una carrilera, sin frenos y sin pausa, y luego preguntamos: ¿por qué no salió?, ¿por qué salió mal?, ¿por qué se desvió?, ¿por qué chocó?
¿Fracaso?, no creo, todo lo contrario, creo que esa idea de conseguir los anhelos recorriendo caminos con la paciencia ausente en nuestro equipaje, ha creado una errónea idea sobre el fracaso: si hay demora, torpe perfección o resultados diferentes, no lo has logrado; ¡MENTIRA!
Paciencia es paciencia, jamás será sinónimo de impaciencia.