Para casi nadie, aunque crean en Jesús o no, es doloroso ver en las películas o en los pensamientos, al imaginarse las escenas, lo que padeció Jesús.
Y vaya, cuánto amor demostró hasta el final, que incluso mientras caminaba hacia su muerte, consoló y aconsejó a las mujeres que lloraban por él.
Lucas 23:27-28
27 Y le seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres que lloraban y se lamentaban por Él. 28 Pero Jesús, volviéndose a ellas, dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos. (LBLA)
Y aunque él sabía que no sería muy agradable lo que en el algún tiempo vendría, no se calló, Él habló, Él siguió cuidando y advirtiendo, no se quedo lamentándose en su dolor, ni siquiera fue egoísta en ese momento, ni el dolor físico ni el dolor emocional impidieron que el cuidará de su rebaño, de los que estaban cerca, de los que le importaban.
Gracias a Jesús, que una vez más nos enseña que podemos amar sin medida aún en los momentos muy difíciles.