Es común, escuchar y hablar sobre las ocasiones en las que se acude a Dios para pedir su ayuda, incluso gritando como los 10 leprosos para pedir su misericordia. Como testifican varias historias de la Biblia, a quien llama a Dios, Dios responde, y al que busca a Dios, a Dios encuentra; y esto fue lo que sucedió con un grupo de leprosos.
Pero menos común, es oír palabras de concreta gratitud por las concretas respuestas de Dios. Es sorprendente ver que tan solo un leproso se dio cuenta que era limpió y que eso había sido porque el Señor había respondido su petición, por esto no dudo en ir corriendo a agradecerle.
Cuando hemos oído historias sobre las leprosos, preferimos casi que ni dibujarlas en nuestras mentes para que no nos impresione su aspecto aunque sean tan solo un pensamiento, pero hay una ejemplar historia de uno de ellos:
Lucas 17:11-20 (RVR1960)
Diez leprosos son limpiados
11 Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. 12 Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos 13 y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! 14 Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. 15 Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, 16 y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. 17 Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? 18 ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? 19 Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.
Nos han enseñado que siempre se dice «gracias» cuando alguien hace algo a nuestro favor, y solemos hacerlo porque suele ser evidente, pues es más fácil porque los ojos lo ven, pero, ¿por qué es tan difícil entender cuándo las cosas vienen de Dios, por qué hay dudas, por qué cuesta contar que fue él quién nos ayudo?
Creo que es más sencillo de lo que pensamos, si le pedimos algo a Dios y recibimos una respuesta, fue Dios quién obró a nuestro favor (no la suerte, no el destino, no las casualidades, ni las multiples cosas a las que acudimos por si acaso Dios no responde, se demora o lo hace «mal»).
Por esto, este leproso nos enseñó que la fe no es solo para pedir (porque claro se necesita tener confianza para acudir a alguien a pedirle ayuda), la fe también es necesaria para reconocer la respuesta de Dios, es decir, tener claridad cuando está actuando a nuestro favor, en ocasiones será necesario contarlo y otras será cuestión de los dos.
Le pido al Espíritu Santo, que podamos empezar a ver y entender, en nuestra vida, la respuesta de Dios, para que nuestra fe sea ejercitada también para agradecer y dar honra al que es Rey.