Tiempo de verdades

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Una joven ave, que solía pasear sobre un río, tuvo que volar muy alto porque una tormenta había empezado, no podía ver lo que en el río sucedía, y fue tan solo, cuando las aguas del cielo se calmaron, que pudo descender y sobrevolar de nuevo sobre el cauce de su viejo amigo.

Se sorprendió mucho por lo que sus ojos vieron, pues era como si el río estuviera más transparente, podía ver mejor lo que en el fondo había, nunca imaginó que tanta belleza su dupla de ojos pudiera admirar.

El asombro fue de tal tamaño porque mientras volaba alto, pensaba que las fuertes lluvias estarían removiendo la tierra del fondo, desordenando las rocas y llevando restos de hojas y basura dentro del río. Pero lo que ella creía saber no había sucedido, pues las torrenciales lluvias habían pulido cada grano de tierra y los habían arado; las piedras ya no tenían las manchas que las hacían ver viejas y toscas; y no había restos de hojas ni basura flotando en el agua…

¿Qué había sucedido?, el sembrador del lugar al verla revolotear por cada esquina del río, le contó lo que había acontecido: -«La tormenta a aquel lugar llegó porque era necesario limpiar los depósitos del río; y ahora había iniciado un tiempo para renovar con sabiduría lo que en ellos sería depositado.»-

Algunas premisas eran: que fuera nuevo, no reciclado ni reutilizado y mucho menos desechado por otros. Era prudente hacerlo sin afán, sin ansiedad, sin avaricia, sin gula, pero también sin temor, sin antipáticas pinzas selectivas que tratando de tomar con mesura lo que crean útil, pierdan lo que es vital.

Ahora sí, luego de haber limpiado un poco el terreno, era posible determinar, con mayor claridad, qué tan productivo podría llegar a ser.

Con seguridad habrás leído y oído muchas veces la parábola del sembrador, esa en la que se diferencian 4 tipos de suelos, y multiples explicaciones habrás oído y aprendido, pero oportuno es revisarla ahora que tu terreno está un poco más limpio. (Toma tu Biblia y lee como si fuera la primera vez Lucas 8: 4-15).

Y si hoy, tomarás un café con Jesús (el sembrador), y revisaran un poco tu vida, recordando anécdotas divertidas, suspirando por las tristes, y callando mientras los recuerdos hacen fila como en una cinta de vídeo…

Podrás ver que en ocasiones las palabras que de él oías, cayeron junto al camino y por lo tanto no podían si quiera ser sembradas; otras las oíste con tanto gozo que las emociones, no educadas, impidieron que echaran raíces y la falta de agua les impidió crecer y se debilitaron; otras llegaron a tus oídos pero los pensamientos de preocupaciones y el ferviente deseo de hacer lo «que debe ser», no permitieron que el fruto pudiera llegar a nacer.

Pero… Como le estaba sucediendo al río, el sembrador conocía su potencial y por esto una vez más quería intentarlo y volver a sembrar, porque sabía que la verdad sobre el río era que para ser tierra fértil y buena, había nacido.

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