La limpieza de los depósitos (parte 3)

Hoy encontré un excelente ejemplo de lo bueno que puede suceder cuando «un depósito es limpiado». Te invito a leer Lucas 5:1-11, yo tan sólo tomaré algunos versículos para explicarme mejor y usaré los colores como convenciones para ser más precisa.

Lucas 5:2

2 Y vio (Jesús) dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. (RVR 60)

 

Varias veces había oído estos versículos sobre los pescadores, pero hoy por primera vez veo que el encuentro de ellos con Jesús se dio cuando estaban lavando sus redes. No dejaban que la suciedad se acumulará, porque ellos la retiraban cada vez que volvían de pescar, incluso aunque estuvieran casi vacías y «aparentemente» no estuvieran sucias y por tanto no pareciera necesario, aún así las limpiaban.

¿Hace cuánto limpiamos nuestra red?, ¿dejamos que la suciedad se acumule en el interior?, pero, ¿acaso guardamos basura dentro?, sí, en ocasiones lo que recibimos hace que la suciedad adentro empiece a apestar, tanto así que lo que contamina es lo que sale de dentro.

Mateo 15:18-19

18 Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. 19 Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. (RVR 60)

Lucas 6:45

El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien; pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca. (NVI)

Entonces, si de nuestros corazones (depósitos), mana la vida y de lo que en él abunda habla nuestra boca, ¿qué hay en nuestros corazones?

Hemos visto que sí podemos limpiarlos, y en las próximas entregas veremos con detalle algunas cosas específicas sobre la mente y el corazón, pero sí es necesario entender la importancia de limpiar nuestros depósitos constantemente, y no solo cuando «parezcan sucios». Una de las razones para hacerlo, es porque tan solo cuando hay espacio, se puede recibir en encuentros tan transformadores como los que se dan con el Señor; en ellos podemos recibir en abundancia y bendición, incluso para otros, claro, si le creemos al Señor (aunque dudemos como dudó Simón, pero le creyó y su depósito fue llenó de bendición, incluso para los otros). Y, ¿qué tendríamos en nuestro corazón si nos encontramos con él?

Lucas 5:5-7

5 Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. (RVR 60)

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