Es el amor que sirve, que quiere agradar al otro, consentirlo y mimarlo. Es el amor consiente que se entrega sin medida pero con inteligencia.
Es como el del abuelo, que sigue cuidando a su esposa con amor en la madrugada mientras ella duerme, en la mañana mientras ella renueva sus fuerzas para levantarse y se sonríe cada vez que ella hace alguna gracia. Que disfruta cada comida que ella le prepara, que cuida si ella come, si tiene agua para beber y si se siente bien aunque su cuerpo parezca fallar. Es ese abuelo que vela por ella desde que ella abre sus bellos ojos claros, de los que se enamoró, hasta que se duerme cuando el día acaba.
Es ese amor de la mujer que como esposa cuida de su esposo, organiza su casa y va a trabajar, mientras multiplica sus manos para cuidar y atender a sus hijos. Ese amor que cuida con gozo y ese gozo de amar, cuidando a su familia, la fortalece para continuar.
O como el amor de una pareja que atraviesa unida cada prueba, cada circunstancia, que sabe que la fortaleza está en tomarse de la mano o abrazarse fuertemente para soportar las tormentas y los vientos, que aunque quieran tumbarlos no pueden hacerlo porque con Dios se han tomado de la mano.
Escrito por parábolas que he visto en la vida.