La creación

¿Qué tan fácil puede ser duplicar una flor, una hoja, un fruto o el simple azul del cielo?

Los ojos de algunos se deleitan viendo el cielo (la oficina de trabajo que muchos niños sueñan), las manos de algunos se emocionan al recibir flores, la boca de otros no puede resistirse ante los frutos, algunos pies aventureros bailan entre las hojas, otros buscan refugio bajo los árboles y los más atrevidos hacen de troncos y ramas escalones que retan al ascenso.

Varias de estas cosas las disfrutamos por cortos momentos, pero cuando las pinté, pude entender que hacer una hoja que se doble no es fácil, hacer una rama que parezca ser de un árbol es un delicado trabajo, hacer frutos con color es una aventura y hacer una flor con su delicadeza y sus formas, es una tarea que suavemente ejercita la paciencia.

Cuando Papá, el Hacedor, hizo todo, como lo cuenta el libro de Génesis en el capítulo 1, parece algo de rapidez e inmediatez, hay detalles que pasan inadvertidos para los ágiles ojos lectores; pero al intentar duplicar una flor, una hoja, un fruto o el simple azul del cielo, entendí que tan sólo alguien con su poder podía hacer algo que parece tan sencillo pero tan complejo a la vez, pues tiene muchas partecitas, muchos detalles que hacen que cada obra creada, sea una obra única. Por eso es grato poder decir:

Salmos 8:3 

Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,

La luna y las estrellas que tú formaste (RVR 1960)

Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, solo puedo decir ¡Gracias creador, por la creación!

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