Estos troncos, hace algún tiempo, parecían ser sillas de un parque familiar, cortados por humanos porque posiblemente su grandeza estaba fuera de control, pero es tan misericordiosa la mano de Dios que aunque parecían sin vida, vida renació de ellos. Aunque tuvieran curiosas formas, estuvieran casi secos o los hubieran confundido con basurero de papeles pequeños, ellos volvieron a nacer.
De esto hablaba el salmo que hoy leí:
Salmos 18:4-5
4 Me rodearon ligaduras de muerte, Y torrentes de perversidad me atemorizaron.
5 Ligaduras del Seol me rodearon, Me tendieron lazos de muerte. (RVR 1960)
Hace 2 años exactos, una joven esto vivió. Literalmente en cama la escasez de sus fuerzas la tendió, porque el agotamiento y el cansancio del que lucha sólo, le ganaron. Llegaron torrentes de pensamientos y emociones que la atemorizaban, deseos de muerte como ligaduras la rodearon; sobre ella pretendían lazos de muerte tender, hasta el apetito casi llega a perder y de su cama no se quería levantar.
Aunque le costó, buscó humano consuelo y humano consejo, pero ella sabía que limitadas eran esas palabras y los abrazos eran de corto consuelo. Luchar en verdad quería, pero ayuda más poderosa requería, y por cierto no era una pastilla que «calmar» su profunda depresión pudiera y que quizás fuera de por vida. Ella quería una solución real, profunda y eterna, así, con suspiros de fuerza ella pudo clamar por ayuda a quien todo-poderoso es, y a quien aprendió a llamar desde pequeña, Abbá. Y esto fue lo que sucedió:
Salmos 18:16-19
16 Envió desde lo alto; me tomó, Me sacó de las muchas aguas.
17 Me libró de mi poderoso enemigo, Y de los que me aborrecían; pues eran más fuertes que yo.
18 Me asaltaron en el día de mi quebranto, Mas Jehová fue mi apoyo.
19 Me sacó a lugar espacioso; Me libró, porque se agradó de mí. (RVR 1960)
Momentos que normalmente no quieren ser recordados y mucho menos contados, pero, ¡gracias a Dios!, ahora puede gratamente recordarlo y con gozo contarlo. Esto lo sé porque esa joven soy yo; por esto si alguien pregunta por qué escribo tanto sobre Dios, es porque he agradecido a las personas que me aconsejaron y consolaron, pero NUNCA dejaré de agradecerle al que SIEMPRE estuvo ayudándome aunque le dije que no valía la pena, que me dejara, que no se desgastara, que había otros que lo necesitaban más y que sí valían la pena, pero él insistía, él siguió, sigue y SÉ QUE SEGUIRÁ ESTANDO, para protegerme por amor.
¿Fue instantáneo?, no, fue (y seguirá siendo) un proceso de limpieza, crecimiento y establecimiento. Para esto las herramientas fueron: una relación directa y diaria con mi Abbá, de oración constante y personal, humanas cuerdas de fuerte amor y la lectura y meditación de la Palabra de Dios… Así fue que la tormenta pasó. Por esto hoy sé, que como los árboles, yo volví a nacer y por esto, y mucho más, digo ahora sin cansancio por cada obra de sus manos:
Salmos 18:1-3
1 Te amo, oh Jehová, fortaleza mía.
2 Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.
3 Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos. (RVR 1960)
Y como a un lugar espacioso me sacó, canto está hermosa canción «Enlarge my territory», que hasta hoy, mientras organizaba mis ideas para escribir, como un regalo recibí. Canción