Salmos 8:3
Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
La luna y las estrellas que tú formaste. (RVR 1960)
Al leer este versículo, en días pasados, inmediatamente recordé algo que he aprendido a disfrutar muchísimo en el último tiempo: contemplar el cielo y ver más allá de lo evidente. Unos segundo después, empezaron a bailar en mi mente algunas preguntas: ¿por qué lo hago?, ¿cómo empecé a hacerlo?, ¿cuándo empecé a hacerlo?, ¿por qué ha causado tanta sorpresa en algunas personas cercanas?
Así que, pensando y buscando en mis recuerdos, empezaron a dibujarse en mi mente algunas respuestas. Empezó cuando viajé a un lugar donde 4 estaciones determinan el color de los árboles, la claridad de los cielos y los grados de los termómetros. Así vi que los cielos no son siempre iguales porque cambian, hay épocas donde las nubes pueden ausentarse y por esto un hermoso azul intenso podemos ver cuando alzamos los ojos, o hay otras épocas en las que las nubes se toman el cielo y son sus colores, blancos, grises, claros y oscuros, los que vemos.
Además, luego de vivir con el río manzanares como vecino cuando abría la ventana, viendo los patos y las aves migrar y los cielos cambiar, empecé a vivir en lugares «interiores», es decir, no había ventanas hacia afuera, si abría mis ventanas veía el muro interior del edificio o la ventana de mis vecinos, y tan solo un poco de luz se filtraba en el cubo que los muros hacían. Por esto tan pronto salía a estudiar o trabajar o caminar, inmediatamente alzaba el rostro porque mis ojos buscaban libertad, una libertad que tan solo en el cielo podía encontrar, porque desde mi ventana yo no podía verlo. Durante mis primeros pasos cuando estaba afuera, saludaba a Papá Dios y por esto miraba al cielo, y así empecé poco a poco a darle gracias por su diseño del cielo cada día.
Así aprendí a admirar la grandeza de Dios, mientras le daba gracias porque el cielo le había quedado muy bonito. Cuando regresé a Colombia vi que el cielo era diferente, y mientras más lo observaba cosas diferentes encontraba… Así aprendí a disfrutar el cielo de Dios.
Por esto te comparto algunas fotos que he tomado del cielo de Dios, te sorprenderá ver lo que pueden tus ojos ver.
Y luego de haber escrito sobre el cielo, salgo y un hermoso grupo de palomas se cruzó por mi camino. Dios es sorprendente y consentidor