Salmos 5:8
Guíame, Jehová, en tu justicia, a causa de mis enemigos;
Endereza delante de mí tu camino. (RVR 60)Otra versión dice:
Dios mío, ¡enséñame a hacer el bien!
¡Llévame por el buen camino,
pues no quiero que mis enemigos
triunfen sobre mí! (TLA)
Hermoso salmo, un nuevo motivo para clamar a Dios.
Hay pies que parecen avanzar solos pero sin dirección, aunque paradójicamente creen saber cuál su rumbo es. Hay pies que están paralizados porque no saben para dónde ir, y mientras esperan, dejan huellas que servirían casi de molde para los que vienen atrás, por lo profundas y rígidas que son. Hay pies que sí saben a dónde ir pero el temor nos los deja andar, así que parece que estuvieran sobre húmedo lodo porque ni siquiera donde están es seguro. Hay pies que parece que tuvieran alas, porque poco por el suelo andan. Hay pies que parecen andar en caminos de piedras porque tropiezan una y otra vez, posiblemente hasta con la misma piedra, porque la patean pero más adelante la vuelven a encontrar. Hay otros pies que simplemente están cansados de andar y no quieren ni un paso más dar. Hay pies que tienen profundas heridas y cada paso duele cuando intentan avanzar. Hay pies que se cruzan para abrazar los tobillos y así impedir que puedan caminar.
Hay pies que avanzan a su propio paso, lento por prudencia o quizás exceso de precaución o por temor, o desconfianza o exceso de control. Hay pies que se fatigan porque tan solo correr quieren, a toda velocidad andar desean, sin pausa y siempre con prisa. Hay pies brincones, dan saltos para evitar algunos huecos o tropiezos del camino, posiblemente por sabiduría o posiblemente porque andan como en jardín de flores con fantasías de colores.
Hay pies grandes, hay pies pequeños, hay pies anchos, hay pies delgados, hay pies más jóvenes, hay pies mayores.
Pero para todos estos pies, Dios tiene un camino, un único camino, y Él desea:
- Indicarnos la dirección.
- Ayudarnos a avanzar, porque él no quiere que en el mismo lugar siempre estemos, si no miremos las nubes siempre cambiantes en el cielo. Donde hay vida no hay estatuas ni moldes.
- Tomarnos de la mano, para que podamos andar con valor y sin temor.
- Ayudarnos a vivir en este mundo, que como un suspiro en la eternidad para él es.
- Evitarnos algunas piedras, algunos baches, pero para esto debemos dejarlo gobernar ¡siempre!, para no volver a tropezar con la misma piedra una vez más.
- Animarnos y darnos fuerzas, para poder continuar.
- Consolarnos y curar las heridas, para que nos dejen movilizar.
- Liberarnos y desatar ataduras, para que podamos avanzar.
Por esto Señor, tú que conoces nuestros pies: «Endereza delante de cada uno, el camino que tienes para cada uno«, y así podamos decir:
Salmos 5:11-12
11 Pero alégrense todos los que en ti confían;
Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes;
En ti se regocijen los que aman tu nombre.12 Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo;
Como con un escudo lo rodearás de tu favor. (RVR 60)