¿Cómo nos cuida Dios en la enfermedad?

Hace poco nos pideron orar por una hija (que no conozco) de alguien que tampoco conozco, posiblemente «apendisitis»… Empezando a orar sin saber por quién y buscando cómo hacerlo, recorde cómp me cuido Papito Dios cuando yo era la jóven hija de un buenos padres que estaba acostada en una sala de «pre-cirugia», a punto de ser operada de apendicitis. 

Estaba completamente sola en ese lugar, porque mi numerosa y siempre presente familia estaba en sala de espera de urgencias (desde abuelos, primos, tios, hermanos  y por supuesto mis incondisionables padres).

Era epoca de fiestas en las que las familias se reunen. Empezó un fuerte dolor arriba del estomago y abajo del corazón, mis padres me llevaron a urgencias y me dijeron que era gastritis (algo común por la ubicación del dolor).

Volví a casa pero el dolor seguía y creo que se ubico en otra parte, nada lo detenía, y era tan fuerte que limitaba mis movimientos. Entonces volvímos porque nos habían dicho que nos esperaban si no mejoraba. Cuando me examinaron de nuevo dijeron que «posiblemente» era apendicitis y me canalizarían para operarme.

Entonces entré, no había cubículos elegantes ni cortinas que simulara  la privacidad del paciente, tan solo y como un milagro pude recostarme en una camilla en medio del corredor. Mis padres y el unipersonal desfile de familiares?dificultaban el paso de las personas que pasaban cerca a mi lugar de reposo porque era muy estrecho el espacio.

Recuerdo que yo fortalecía y animana a mis padres y hacia bromas con mis familiares, pero ni sabía de dónde salía tal actitud, porque no parecía la paciente. Pero claro en mis pensamientos siempre estaba un diálogo constante con mi Abbá, contandole solo a él sobre mi dolor y agradeciéndole porque sabía que todo estaría bien, incluso que cuidara a mi familia mientras yo salía.

Cuando tuve que subir para esperar la cirugía, me llevaron a una sala, una habitación grande con muchas cosas. En ese piso las mujeres esperaban para dar a luz, así que la primera emisora que oí fue el compendio multisonoro de sus gritos…

Yo tenía tanto frío que las enfermeras me trajeron más de un cobija pero mi temperatura seguía congelada. 

Mientras yo seguía hablando con Abbá y pidiéndole que diera paz a mis papás porque yo estaba bien, llego un jóven mayor que yo. Decían y yo oía que lloraba, parecía estar muy mal, por eso decidí decirle a las enfermeras que lo operaran primero que yo podía aguantar.

Mientras tanto yo seguía con mucho frío y no lo podía controlar.

Finalmente entré a cirugía y de fondo sonaba una emisora con música guapachosa como salsa o algo así, yo tan solo me reía. Al final el médico me mostró el apendice fresco fresco, recién sacadito de mi ambdomen y yo casi lo me desmayo (pues en ningún laboratorio de biología pude estar).

¿Cómo nos cuida Dios en la enfermedad?

Pues yo aprendí lo siguiente:

El dignóstico fue peritonitis, ¿cómo pudieron mostrarme mi apéndice colgando de dos dedos del doctor?, pues no se reventó, no hubo infección ni se complicó.

Dios desde el principio me dio paz, alegría y fortaleza, hasta el punto de ceder mi turno en la sala de cirugía y no lo hice por ser aplaudida sino porque sabía que Abbá Padre me cuidaría. 

La gloria es para Dios, absolutamente, porque me consoló cuando lloraba de dolor y del frío casi desgarrador, y cuando añoraba a mis papitos en la soledad y buscaba su consuelo si  poder hallarlo. Dios me cuidó en medio de la enfermedad con consuelo, protección y mucho amor.

Por esto pedía a Papá que cuidará de esta «hija» que Él sí conoce, que la protegiera y amara como ella necesitaba.

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