Crecer implica nada-r

He oído a muchos decir que es más fácil estar cerca a Dios, buscarlo, cuando las cosas no están bien, pero, una vez más veo excepción en mi actuar, porque es cuando las cosas parecen no marchar bien que más me cuesta buscar a Dios, ¿por qué?, no sé, quizás porque me cuesta confiar en las personas, en mí y claro que cuesta creer en algo que mi humanidad racional no puede ver y a mi carácter inmediatista suele incomodar.

Los últimos años no han sido de lo más estable que digamos, ha habido momentos muuuyyy buenos y otros muuuyyy malos, y en los intermedios ha habido angustia, dudas, confusión, nostalgia, desequilibrio, inestabilidad… ¿Todo esto?, sí, todo esto.

Me han dado ganas de salir corriendo, de esconderme y muuuchas veces contesté que todo estaba bien, pero era un promedio circunstancial muy rápido que mi cabeza hacía, por malos hábitos, como lo decía en mi escrito anterior Cambio de armadura,  pues aunque las cosas estuvieran bien, yo no estaba bien, dos cosas muy diferentes. Era como cuando un ponqué se ve bonito, sabe rico, es suficiente para todos, pero quizás su cocción fue difícil y una parte se quemó porque el horno estaba averiado; o cuando hay un vaso de agua sobre la mesa, se ve limpió, puede refrescar o hidratar una planta, pero posiblemente el agua tenga algunas bacterias porque en algún momento del recorrido pudo haber sido contaminada, no todo está tan bien como se ve.

Las cosas ahora no están de maravilla ni me encuentro de maravilla, no quería ni buscar a Dios porque, como lo decía al inicio, no me es fácil creer, pero fue bueno haber escrito antes sobre la armadura que ya no tengo, porque quería esconderme, como una tortuga en su caparazón, pero esta mañana mientras pensaba un poco sobre qué me sucedía, recordé las innumerables veces que estuve en una piscina, porque últimamente me siento cansada, muy agotada de luchar, de buscar repuestas, incluso de preguntarle a Dios, porque como nada sucede… Por eso quería dejarme llevar por el cansancio hasta que tuviera nuevamente ganas, lo veía como cuando crees que algo es solo un sueño, que de repente abrirás lo ojos y todo estará bien, simplemente porque sí, pero no, crecer implica nada-r.

No digité erróneamente, el «-«, está bien, pues para crecer no basta con cerrar los ojos como en un sueño y simplemente esperar que las cosas pasen, por esto es necesario que la «nada» se haga un verbo, y no es el arte de no hacer nada, es justamente hacer lo posible para no dejar que el cansancio del cuerpo haga tan pesada la carga que nos haga tocar el fondo del estanque, es disfrutar mientras estamos en el agua, es como cuando de niña  jugaba para disfrutar toda la piscina, con diferentes estilos de nadar, de zambullirme, de sumergirme incluso hasta al fondo para fortalecer mis pulmones, no dudaba de ellos, los cuidaba con respiraciones sincronizadas y les exigía un poco más porque sabía que solo así podrían su capacidad aumentar. O es también, como hace unos años cuando volví a tener una piscina solo para mí, los músculos ya no eran tan jóvenes, los pulmones estaban perezosos porque había dejado de exigirles (aunque nunca he fumado, su capacidad no era igual), empecé poco a poco, por algo tan sencillo como comprar el traje y las gafas, prepararme para entrar, alistarlo todo, llevarlo hasta ese hermoso estanque azul, tan profundo que me tapaba dos veces y tan grande como las olímpicas medidas de competencia: lo que desde niña soñé al fin lo tenía frente a mí, una piscina olímpica, fría y sin límite de días para innumerables zambullidas.

Poco a poco empecé a entrenar mis músculos, con calma, con amor para no dañarlos, consciente de mi descuido, de mi olvido, y con esfuerzo y constancia mis pulmones cada vez más respondían a mis 2, 3, 4, 5, 6, 7 y hasta 8 recorridos dobles, muchos metros en que mi cuerpo dejó de hacer nada para empezar a nada-r, y claro con todo el empujé de mi alma y de mi espíritu, fue un entrenamiento total. Había momentos de cansancio en medio de la gran piscina, yo en medio, sola y con un solo objetivo: poder llegar a una orilla para descansar y no ahogarme en la mitad del recorrido, porque más de una vez mis piernas dejaban de responder y en otras mis pulmones fatigados me pedían que descansará… Cuando podía llegar a la otra orilla descansaba y continuaba, ese mismo día o al día siguiente.

Lo que sucedía en medio de la piscina, cuando sentía que podría desfallecer a la mitad, era hermoso, porque me sentía débil y tenia que pedir ayuda, pedía ayuda a Papito Dios para que me cuidará mientras yo hacía lo posible por llegar, creía en mis capacidades, y en la certeza que yo nunca me ahogaría en una piscina porque había aprendido a nada-r desde muy niña y a flotar para cuando fuera necesario descansar, porque como me enseñaron mis papás: ahogarme no era una opción por eso me enseñaron a nadar.

 

La diferencia en este tiempo es que no sé cómo hacerlo porque no me había pasado antes, además no veo la orilla, por eso no sé cuándo acabará, pero lo que sí sé es que todo tiene un final y que nada-ré porque hundirme y ahogarme no es una opción, quizás no elija el mejor «estilo» para nadar, pero de seguro encontraré la otra orilla porque mi Señor conmigo está, es tiempo de seguir creciendo y podremos juntos llegar hasta la otra orilla y continuar. Por esto recuerdo ahora esta promesa y la reclamo para mi vida:

Las tentaciones que enfrentan en su vida no son distintas de las que otros atraviesan. Y Dios es fiel; no permitirá que la tentación sea mayor de lo que puedan soportar. Cuando sean tentados, él les mostrará una salida, para que puedan resistir. (NTV 1 Corintios 10:13)

He oído a muchos decir que es más fácil dar gracias, alabar o estar cerca a Dios cuando las cosas están bien, cuando todo marcha de maravilla y he oído a muchos decir que es más fácil estar cerca a Dios, buscarlo, cuando las cosas no están bien, pero, una vez más quiero hacer una excepción en mi actuar, para buscar a mi Dios no sólo cuando las cosas estén bien, sino también cuando no todo esté bien, buscaré esconderme ocasionalmente, pero para buscar el abrazo de mi Abbá o para descansar en la orilla y tomar fuerzas para seguir, pero nunca más para ocultarme con temor y desconfianza o falta de esperanza.

Las rodillas pueden haberse cansado de suplicar, los ojos pueden estar con aguados trozos de piscina, la respiración incluso puede costar, los hombros pueden parecer caídos por la fatiga, la parte del alma donde se piensa puede  doler por sobre-uso, la boca puede cerrarse por que no tiene nada más que decir, pero seguiré nadando en el estanque de Papá mientras tenga que crecer.

Un comentario Agrega el tuyo

Deja un comentario