Cambio de armadura

Hace muchos años decidí creer en algo más que en mis fuerzas y capacidades, de las cuales muchas veces dudo, por cierto, y no es porque sean pocas o porque sean defectuosas, es que no soy perfecta y he descubierto que necesito ayuda. Desde niña aprendí a vestirme con una armadura porque pretendía ser «todopoderosa», buscaba ser la que el mundo quería que fuera (lo que yo pensaba que el mundo quería). Esta armadura laceró áreas muy profundas de mi «ser», desvirtuó la verdad de muchas realidades, hizo que muchos se alejaran o que incluso no pudieran ni acercarse, parecía siempre estar lista para lo que fuera pero afortunadamente he tenido que ver, sentir y entender que esa armadura no era mi verdad. ¿Que si ha costado desprenderla de mí?, ¿que si ha dolido?, ¿qué si sentía miedo cuando me imaginaba sin ella?, ¿que si fue fácil entender que no la necesitaba?, te dejo a ti responder.

Cuando las cosas no andaban bien la armadura se hacía más fuerte porque era la coraza que me mantenía de pie, ella misma se brillaba para relucir, cada vez que yo acudía a ella para relacionarme con alguien o para responder la vacía y tan común pregunta que se oye en un saludo, ¿cómo estás?, ella parecía que estuviera siempre en modo «todo está bien». No sé en que fallida oportunidad recibí tan pesado regalo, pero claro era una niña cuando aprendí a posar y no para modelar en pasarelas, sino para modelar en cada circunstancia que se me presentaba.

¿Qué si todo fue falso?, no, por su puesto que no, pero sí hay algo muy cierto, y es que las verdades se distorsionaron y confundían emociones, pensamientos y realidades. Fue un modo de actuar que se  movía como en los laberintos que me gustaba hacer de niña, en los libros que pedía para pasar el rato cuando viajábamos y mientras no estaba en mi adorada piscina.

Claro que me ha costado desprenderla de mí, claro que ha dolido, claro que sentía y aun siento miedo cuando me imagino sin ella y por supuesto que no ha sido fácil entender que no la necesitaba.

Decía que hace muchos años decidí creer en algo más que en mis fuerzas y capacidades, y fue en Dios. ¿Frase trillada, esperabas algo más?, no repararé en eso porque ésta sí es mi verdad, y como ya la falsa armadura fue retirada, no busco ser lo que el mundo quiere que sea, simplemente quiero ser yo, ser la que mi inventor, mi creador dice que soy.

Recuerdo tanto el momento que decidí buscar ayuda en Dios, que aunque dolía mucho mi alma, doy gracias porque aprendí que en mis propias fuerzas no podía solucionarlo todo, y que las cosas a mi alrededor estaban mal y que debía primero verlo (dejar de esconderme) para aceptarlo y  llenarme de valor para poder pedir ayuda… Creo, que es una de las pocas cosas que fue buena mientras usaba la armadura, como no pedía ayuda a nadie más ni dejaba que mis familiares o amigos me vieran débil (o que supieran el por qué), encontré al que siempre está, al que sabe que estoy mal incluso antes que se lo cuente, al único que siempre me puede ayudar, a quien en ese momento aprendí a llamar Abbá y a quien ahora llamo mi Papá, mi Señor, mi hermanito mayor, mi esclarecedor, mi bodega de buenas materias primas, mi Dios.

¿Que si la armadura ya se fue del todo?, sí, pero dejó algunos hábitos que deben ser   remplazados por otros, por los verdaderos. ¿Por qué digo esto?, es sencillo, pues mientras escribía las últimas líneas del párrafo anterior, pensaba en qué dirán mis conocidos cuando lean eso, -«que me volví ahora si la más espiritual»-, pues sí, ahora sé que soy espíritu también, aparte de ser cuerpo y alma y ¡qué espíritu más hermoso tengo! (y no hablo de emociones ni pensamientos); -«que soy la más religiosa ahora», no para nada, mi relación con Dios no es una religión; que pueden reírse al leerlo, prefiero pensar que puede servirles y para quien lo juzgue, pues ni modo ya no quiero darle más el gusto a los demás de definir quién debo ser. Lo más paradójico, que descubrí hace 10 años, es que la armadura se fortaleció sobre supuestos que muchas veces en mi cabecita estaban porque pocas veces palabras de otros yo escuchaba, siempre pensaba que pensaban…

¿Por qué puse a este escrito «cambio de armadura»?, pues porque la armadura que me viste ahora es la que Papito Dios me ha puesto, no es de dureza, ni para esconderme, es para ser noble y para servir, es de amor y de verdadero coraje. Hace poco la vieja armadura fue removida y se siente tan bien, pero se sentirá mucho mejor cuando su rastro sea completamente de mí borrado, y sé que así será, cuando sea establecida la verdad.

Empecé a escribir esta entrada por otra razón pero que gusto me da escribir, siempre aparecen nuevas historias, es como el agua que toma diferentes caminos cuando una idea aparece como una pequeña piedrita que cambia el rumbo, por esto hoy escribiré otra entrada más para escribir lo que iba a escribir, no porque estas líneas sean poco, sino porque salió algo tan hermoso que merece tener su propio espacio.

 

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