Un año en Colombia, un año de GRATITUD

El mundo es tan grande…Y como descubrí orando en mi cumpleaños 18 sobre las murallas de Cartagena, es grande y es de nuestro Abbá (papito Dios) entonces como somos sus herederos: nos pertenece a todos, también. La casa es donde decidamos vivir, permanente o temporalmente, y el hogar es donde estamos con quienes nos aman y a quienes amamos, como aprendimos en España:

  • Un piso compartido con 3 parejas de chinos, viviendo frente al estadio Vicente Calderón sobre una calle con peculiar nombre «Paseo de los Melancólicos»; piso en el que aprendí del respeto, de la pluralidad y de la comunicación.
  • Un piso compartido con amigos ecuatorianos y una linda argentina de gran corazón, frente al río que canción propia tiene: «El Manzanares». En este piso esperaba mis tardes para ver hermosos atardeceres que se pintaban de mágicos colores en las estaciones y más bellos aun cuando los patos o las golondrinas jugaban delineando curiosas figuras en equipo… Infinidad de buenos momentos.
  • Un piso propio en el que construimos mágicos momentos con amigos que se hicieron familia, en un lugar donde casi todos eramos extranjeros, aprendí el gozo del servicio, de abrir las puertas para vivir la vida de fraternidad, de ser ama de casa y gozarme el acogimiento para compartir con grandes amigos.
  • Y por último un piso donde la familia, desconocida, se hizo abrigo en medio de la escasez. En este lugar aprendí del servicio sin límites. En éste los sueños de un hogar eterno en el que envejeciéramos los dos se fortaleció mientras gozábamos con chiringuito de verano como nuestro propio belén.

Hace un año estábamos despidiéndonos de tan bello país que aprendimos a querer, y ahora nos encontramos dando gracias por este año que nos ha fortalecido como individuos y como pareja. Vinimos buscando oportunidades y hemos recibido una lluvia de bendiciones que como carbón han empezado a cocinar nuestros talentos, como trampolines han estado impulsando nuestros más profundos sueños (como 3 Fogones), como una red de manos unidas que parecen haberse confabulado para soportarnos en un año que ha sido más retador que muchos otros, como reflejos en espejos humanos que han direccionado nuestros pasos con rumbo de esperanza y fe.

Vinimos para estar con nuestro belén, nuestra familia, nuestro más grande tesoro, los responsables de haber construido dos grandes corazones, nuestros sembradores que amor como abono no se cansan de darnos.

Hoy un año después damos gracias por este año en casa con nuestras familias y amigos, un año de construcción de habilidades y demolición de paradigmas, en el que nuestros verdaderos talentos han sido pulidos para salir a la luz porque Papito Dios a quien mucho le da, mucho le pide… Sin saber dónde estaremos en un año levantamos el rostro al cielo y con total confianza seguimos construyendo nuestro amor sobre la roca más firme de todas, el tercer fogón de nuestros sueños, porque Él ha puesto sus ojos en nosotros y nos mostrará el camino.

Gracias por leer estas palabras de gozo y gratitud pues si lo has hecho es porque nos quieres y has sembrado en nuestras vidas, por esto Papito Dios te bendiga y te multiplique lo que nos has dado.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Hija tienes el DON de la escritura de sacar de lo mas profundo lo que eres, es tu refugio, tu escondite y lo mas importante escribes con el corazón.
    Te ama tu abbá Terrenal

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