Raíces de fe – Primera Parte

Siempre he oído que hay alguien que nos creó, alguien o algo superior, que está por encima de todos y de todo, que nos puede ayudar, que nos puede hacer felices, que es agua de vida, camino sin espinas, luz que guía…

En mis abuelas fue donde lo empecé a ver por primera vez, ese ser a quien acudían con sus mejores prendas, tan puntuales que llegaban antes para no perderse ni un momento de su cita y tener minutos de preparación para poner a punto de disposición su corazón, cita a la que esperaban con anhelo y acudían con gozo… La eucaristía.

Además veía que hacían cursos, que ayudaban a otros, que leían el libro de libros más vendido y menos leído por todos, pero para ellas no era un adorno era material de estudio y manual de vida, sus parámetros de amor y rectitud y sobretodo del inmensurable servicio que las caracteriza, lo aprendieron de esas páginas con letras talladas hace miles de días, pero tan sabías letras, que son aun hoy, su guía para dar cada paso como si fueran las lecciones de un nuevo ritmo de baile… El baile de la vida, de su vida.

Luego en el colegio de monjas, algo de fe veía porque era de obligatorio estudio, pero era fría, inalcanzable y era una relación tan correcta que no era atractiva.

Pero mi experiencia la viví con unos amigos que conocí cuando quedaban pocos años para mi grado, ya luego te contaré como fue que un día: Desde el principio cuando lo necesite, desde el momento cuando la mirada alce, desde ese día en el que sola (en mi cuarto con 16 años) me encontraba, fue la natividad de mi propia fe.

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