Con ojos de corazón

Las películas me han hecho soñar con princesas rescatadas por un príncipe que aparece de la nada (no sé porqué azul, pero príncipe al fin y al cabo) o con jóvenes simpáticas pero carentes de suerte en el amor, y recuerdo ahora, que por lo general son las menos bonitas las que suelen triunfar en los temas del amor, a diferencia de las hermosas y populares que son castigadas por lo que los libretistas consideran la justicia de la vida, por llamarlo de alguna manera. Claro parece que las películas que vi fueron la mayoría estadounidenses y no podía ser diferente, puesto que es lo más comercializado en donde crecí.

Cuando niña soñaba con ser una princesa pero normalmente terminaba personificando al hada madrina o la confidente de los príncipes, y cuando finalmente pude descubrir que había traspapelado el guión que realmente quería representar en la vida real, llegó a quien llamo mi unicornio azul; lo llamo así porque príncipes hay muchos pero seres únicos pocos, claro tanto que no existen (los unicornios) pero satisface mi gusto de bautizar las cosas a mi manera para sentirlas más cercanas.

Un día una personita me preguntó cómo quería que fuera mi pareja, ese que me acompañará a vivir mis sueños de amor… Y vaya siempre pensé que quería lo que en películas veía pero… No, no era eso, aunque claro una parte sí que se asemejaba. Recuerdo que lo escribí e hice de ese papel, en mi recuerdo, un escudo que me protegía de los hechiceros que con manzanas encantadas querían acercarse a mí mayor tesoro, mi inmensurable capacidad de amar. Pues sí, eso existe en este misterio de mujer aunque algunos lleguen a dudar incluso si hablo algo más que el saludo; y lo cuido tanto porque un sabio me dijo alguna vez: la mujer es de cristal, y el hombre de barro, si la mujer se lastima es irreparable… Y hoy, casi 2 décadas después agradezco las palabras de ese sabio a quien tanto amo.

Hace no más de 6 meses, a esta hora habíamos terminado de organizar casi todo para lo que los dos llamamos «nuestra celebración de amor con nuestras familias», para los más simples una boda civil… Pero para nosotros era la confirmación del amor que nos mantuvo unidos en la distancia por casi 4 años, era la comunión con nuestros familiares y amigos más cercanos, era nuestra manera de darles gracias por habernos apoyado y haber creído en nuestra relación muy poco común para las costumbres de la cotidianidad humana. Fue hermoso y mágico, una boda a nuestra manera, al igual que lo ha sido nuestra manera de amar.

Hoy doy gracias porque él, mi ahora esposo, es la promesa del amor que yo quería y pedí a Papito Dios, es mi promesa de amor hecha verdad, mi eterna natividad de amor, una interminable fuente de ilusiones y el caballero que personifica junto a mí cuento de princesas, hadas y bendiciones… Mi propia película con final feliz.

No sé cuánto más dure, solo tengo la certeza que ha sido suficiente cada nueva mañana en la que hemos querido despertar para seguir construyendo nuestra relación.

Nota: publico esto, por agradecimiento y porque quiero ser testimonio de que amor de verdad sí existe, no es solo un cuento de hadas y princesas.

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