No sé hace cuántos días nació, sólo sé que hoy celebro su vida, una vida de la que pocos sabemos pero que a muchos ha bendecido. Pequeña y callada, muy observadora y creyente, con corazón sellado como la buena carne, se degusta de verdad solo cuando se prueba… Y yo una de sus nietas más parecidas a ella, he tenido la gran oportunidad de acercarme a ese hermoso y dulce corazón, que parece un pesebre del que nace el más puro amor, ese que es digno de todos pero valorado por pocos.
Para muchos ha sido la mediadora del amor hecho eucaristía, ella con sus pequeñas y muy cuidadas manos ha sido bálsamo para enfermos y moribundos, recuerdo las muchas veces que la acompañé en su ministerio: alistábamos todo, su cartera con la cruz, la virgen y la carpetita con la que se dignificaba el pequeño altar que improvisaba en cada casa, y claro el libro del cual leía a los enfermos la liturgia, no podía faltar. Luego íbamos a casa de Papito Dios a recoger las hostias consagradas, porque claro es algo tan sagrado (como con su ejemplo me enseñó) que como pan caliente debía ser consumido por los comensales, que en la mayoría de los casos tenían blancas cabelleras.
Te prometí hacer un libro, del cual quería que escribieras el prólogo, por eso este blog te emocionó, porque solo tú y yo sabíamos de ese gran secreto que guardaba mi corazón… Y como siempre me quisiste dar herramientas antes de actuar, me regalaste los libros que me darían herramientas de inspiración para dibujar mis letras sobre el papel.
Abuelita, quizás no alcance a escribir el libro para que sea leído por ti, pero créeme cuando te digo que el prólogo en mi vida ya lo has escrito, cuando me despido por teléfono diciéndote te quiero y me respondes «lo mismo hija». Tu silencio, tu servicio, tu espiritualidad, nuestras largas charlas (conmigo a los pies de tu cama) y tu amor por la familia son el prólogo de mi vida, eso que tú y el resto de mi familia han escrito en mía desde que era una niña.
Hace muchos años, les escribí a ti y a mi abuelo que tenía una eterna deuda de amor con ustedes pero creo que en la distancia la he ido pagando, pues cada llamada nos une con tanto amor que ha dejado de ser deuda para ser la melodía de nuestras conversaciones; así que ya no es deuda es una realidad.
Abuelita, porque tu vida es motivo de celebración para mí y todos los que hemos tenido la bendición de conocerte, la celebro poniendo en manos de Papito Dios los deseos más profundos de tu corazón, tus necesidades y tus sonrisas y todo lo que no necesitamos decirnos porque en la oración lo compartimos aunque tengamos siempre que recordar que Papito Dios no hace lo que queremos sino lo que nos conviene, como me enseñaste.
Bienaventurada yo por tener una abuela como tú, un ángel de mi Abbá, imagen de su misericordia e incondicional amor, te amo abue, feliz cumpleaños.
Nota: La foto que he elegido para acompañar éste, mi regalo de cumpleaños, es para ti porque es de las rosas que más me gustaron, y porque me recuerda a ti que aunque digas que estás viejita yo te sigo viendo hermosa.